miércoles, 5 de agosto de 2015

EL DOMINGO VOTARÁN MILLONES DE "PUNTITOS"

La película “El tercer hombre” es un clásico policial del año 1949, que se desarrollaba en la Viena de posguerra. Con guión de Graham Green, es interpretada entre otros por Orson Welles, en el rol de Harry Lime.  Este le ofrece a Martins, un amigo de la infancia desocupado que vive en Estados Unidos, que trabaje con él en Viena. A su arribo, Martins se entera que Lime murió atropellado por un auto, y asiste presuroso a su entierro. Posteriormente la policía le informa que Lime traficaba penicilina en el mercado negro, adulterándola para maximizar ganancias. Ello  causó centenares de muertes, en especial niños. Avanzada la trama, al descubrir que Lime había simulado su muerte, Martins consigue contactarlo para reunirse con él en el Prater, que es el parque de atracciones más antiguo del mundo. Llega Lime, y para conversar a solas suben a un carro de la famosa Noria Grande (montaña rusa). Martins le reprocha las víctimas inocentes de su negocio, y Lime, observando a 65 metros de altura a quienes transitan por el parque, le responde: Víctimas? Mira ahí abajo; de verdad sentirías pena si un punto de esos dejara de moverse para siempre?

Esta escena es adecuada para describir la relación de la política con las muchedumbres; o sea de los pocos (identificables), con los muchos (anónimos, aún cuando se recuerde un rostro o nombre de pila). A lo largo de la historia, las formas de comunicación del poder con sus súbditos se adaptaron a los medios disponibles. Los grandes monumentos de la antigüedad era uno de ellos: mostraban a propios y extraños el poder de quienes los construían.  Los avances tecnológicos en el siglo pasado posibilitaron la comunicación con millones de personas, en forma simultánea y a distancia. Surgió entonces la actual propaganda política, que interacciona tecnología, psicología y estrategia. En la Segunda Guerra mundial se establecieron sus principios básicos,  que se mantienen inmutables en la actualidad. No reconocen diferencias ideológicas o de poder: los aplicaron por igual el nazismo, el comunismo y los aliados. En la actualidad se destacan dos conceptos: marketing, que es la acción para aumentar la demanda de un producto (en este caso el candidato), e imagen, cuya liviandad ya la definía Maquiavelo en El Príncipe hace más de 500 años: “todos ven lo que pareces ser, mas pocos saben lo que eres”.

La actual campaña se enmarca en dos condiciones distintivas y reiteradas que nos diferencia de nuestros países vecinos, y de las democracias evolucionadas en general: 1) la permanencia de los mismos dirigentes en distintos ámbitos, desde hace 25 años. 2) la más grave, relacionada con la anterior, es la desaparición de partidos tradicionales, diferenciados y con extensión territorial. No es casual entonces el permanente vaivén de políticos entre distintas agrupaciones, acorde a intereses exclusivamente personales. Muchos de ellos, son pertinaces fundadores de mini emprendimientos partidarios, a fin de encabezarlos y negociar con partidos de mayor caudal electoral, fachadas de diversidad ideológica. Los rótulos abundan: peronista, radical, socialista, progresista, renovador, popular, izquierdista, federalista, y la reciente confesión de Martín Lousteau: social demócrata. Todos ellos, asegurada su permanencia en cargos públicos excelentemente rentados, nos expresarán al unísono la necesidad de “lograr la unión de todos los argentinos”. Las tenues promesas de quienes, responsables de nuestras sucesivas crisis nos prometen “un futuro mejor”, podría asombrarnos. O recordarnos a Mussolini, cuando para el manejo de masas planteaba: “El hombre moderno está asombrosamente dispuesto a creer”.

Los partícipes en las etapas previas a una elección no son los “puntitos” que describía Harry Lime. Por ello deberemos evitar que los mensajes optimistas e imágenes edulcoradas de campaña anulen nuestra capacidad de razonamiento y análisis crítico. Tras los prometedores y conocidos rostros identificables de siempre, se encolumnan entre otros, viejos políticos, empresarios, gremialistas, jueces, intelectuales, periodistas, todos ellos reconocibles, que desean seguir alimentándose del néctar prebendario del Estado.

Los millones de “puntitos” que votarán el domingo, los conforman desocupados, obreros, empleados, agricultores, comerciantes, pequeños y medianos empresarios, profesionales, cargos gerenciales, emprendedores inmobiliarios……



No hay comentarios:

Publicar un comentario