La película “El tercer hombre” es
un clásico policial del año 1949, que se desarrollaba en la Viena de posguerra.
Con guión de Graham Green, es interpretada entre otros por Orson Welles, en el
rol de Harry Lime. Este le ofrece a Martins,
un amigo de la infancia desocupado que vive en Estados Unidos, que trabaje con
él en Viena. A su arribo, Martins se entera que Lime murió atropellado por un
auto, y asiste presuroso a su entierro. Posteriormente la policía le informa
que Lime traficaba penicilina en el mercado negro, adulterándola para maximizar
ganancias. Ello causó centenares de
muertes, en especial niños. Avanzada la trama, al descubrir que Lime había
simulado su muerte, Martins consigue contactarlo para reunirse con él en el
Prater, que es el parque de atracciones más antiguo del mundo. Llega Lime, y para
conversar a solas suben a un carro de la famosa Noria Grande (montaña rusa). Martins
le reprocha las víctimas inocentes de su negocio, y Lime, observando a 65
metros de altura a quienes transitan por el parque, le responde: Víctimas?
Mira ahí abajo; de verdad sentirías pena si un punto de esos dejara de moverse
para siempre?
Esta escena es adecuada para describir
la relación de la política con las muchedumbres; o sea de los pocos
(identificables), con los muchos (anónimos, aún cuando se recuerde un rostro o
nombre de pila). A lo largo de la historia, las formas de comunicación del
poder con sus súbditos se adaptaron a los medios disponibles. Los grandes
monumentos de la antigüedad era uno de ellos: mostraban a propios y extraños el
poder de quienes los construían. Los
avances tecnológicos en el siglo pasado posibilitaron la comunicación con
millones de personas, en forma simultánea y a distancia. Surgió entonces la actual
propaganda política, que interacciona tecnología, psicología y estrategia. En la
Segunda Guerra mundial se establecieron sus principios básicos, que se mantienen inmutables en la actualidad.
No reconocen diferencias ideológicas o de poder: los aplicaron por igual el
nazismo, el comunismo y los aliados. En la actualidad se destacan dos
conceptos: marketing, que es la acción
para aumentar la demanda de un producto (en este caso el candidato), e imagen, cuya liviandad ya la definía Maquiavelo
en El Príncipe hace más de 500 años: “todos ven lo que pareces ser, mas pocos
saben lo que eres”.
La actual campaña se enmarca en dos
condiciones distintivas y reiteradas que nos diferencia de nuestros países vecinos,
y de las democracias evolucionadas en general: 1) la permanencia de los mismos dirigentes
en distintos ámbitos, desde hace 25 años. 2) la más grave, relacionada con la
anterior, es la desaparición de partidos tradicionales, diferenciados y con
extensión territorial. No es casual entonces el permanente vaivén de políticos entre
distintas agrupaciones, acorde a intereses exclusivamente personales. Muchos de
ellos, son pertinaces fundadores de mini emprendimientos partidarios, a fin de
encabezarlos y negociar con partidos de mayor caudal electoral, fachadas de
diversidad ideológica. Los rótulos abundan: peronista, radical, socialista,
progresista, renovador, popular, izquierdista, federalista, y la reciente confesión
de Martín Lousteau: social demócrata. Todos ellos, asegurada su permanencia en cargos
públicos excelentemente rentados, nos expresarán al unísono la necesidad de “lograr
la unión de todos los argentinos”. Las tenues promesas de quienes, responsables
de nuestras sucesivas crisis nos prometen “un futuro mejor”, podría
asombrarnos. O recordarnos a Mussolini, cuando para el manejo de masas
planteaba: “El hombre moderno está asombrosamente dispuesto a creer”.
Los partícipes en las etapas
previas a una elección no son los “puntitos” que describía Harry Lime. Por ello
deberemos evitar que los mensajes optimistas e imágenes edulcoradas de campaña anulen
nuestra capacidad de razonamiento y análisis crítico. Tras los prometedores y conocidos
rostros identificables de siempre, se encolumnan entre otros, viejos políticos,
empresarios, gremialistas, jueces, intelectuales, periodistas, todos ellos reconocibles,
que desean seguir alimentándose del néctar prebendario del Estado.
Los millones de “puntitos” que
votarán el domingo, los conforman desocupados, obreros, empleados, agricultores,
comerciantes, pequeños y medianos empresarios, profesionales, cargos
gerenciales, emprendedores inmobiliarios……
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