En la reflexión de la semana
anterior citamos una antológica escena de la película “El tercer hombre”, en la
que Orson Welles desde lo alto de una montaña rusa en Viena, describía a
quienes transitaban por el parque de diversiones como “puntitos” irrelevantes. Pareciera
una imagen adecuada para describir a quienes los candidatos, en instancias
electorales y con su mejor sonrisa, llaman pueblo, ciudadanos, amigos, argentinos.
Es el momento mágico en el que millones de “puntitos” anónimos y alejados de
esferas de poder, se materializan en lo más anhelado por los políticos: votos.
Esta momentánea revalorización
hay que usufructuarla para no someterse pasivamente a propagandas de campaña aturdidoras
y costosas, sustentadas en un intangible riesgoso: promesas. Que por añadidura,
nacen de las mismas dirigencias imbricadas desde hace 25 años con los recursos
del Estado;.no solo políticas, sino empresarias, gremiales y judiciales. Esta
continuidad se apoya en trayectorias políticas sinuosas basadas en
personalismos; en feudalismos
provinciales o municipales que mantienen vigente el término cacique; en una
cleptocracia (institucionalización de la corrupción), que alcanza a demasiados altos
y medianos funcionarios públicos, apañada por la justicia federal. Ante este
panorama, sorprende que la rimbombante terminología utilizada para caracterizar
ideologías o degradar adversarios, haya omitido el uso del término
“conservador”, usual a fines del siglo XIX y principios del XX. Muchos eternos
dirigentes responden claramente a esta caracterización, aunque proclamen su fe
popular, de izquierda o revolucionaria. Sus objetivos son “conservar”
privilegios, poder, riqueza. Como consecuencia, no son casuales las recurrentes
crisis económicas, que provocaron una maduración del electorado en general.
Generalmente a los golpes, sean físicos (víctimas de delitos), al “bolsillo”
(bajos salarios y jubilaciones,
desempleo), o de oportunidades de progreso (enseñanza pública, igualdad de
oportunidades).
Hasta el 25 de octubre, la única defensa
que tendrán los “puntitos” más allá de preferencias políticas, será la de
exigir en forma clara y concreta un plan de acción de gobierno en aspectos trascendentes,
resaltando las acciones a implementarse en los primeros 100 días de gobierno
(se suponen sesiones extraordinarias legislativas en enero de 2016). Ello evitará
o minimizará que la “fe y esperanza” de los candidatos, repita el patriótico acuerdo
político de enero de 2002, a días de la renuncia de De la Rúa. Produjo una vez
más una enorme incautación de ahorros de los “puntitos”, un fenomenal
desempleo, y los ya recurrentes salvatajes y estatización parcial de deudas de
grandes grupos económicos, nacionales y extranjeros.
Recordar la experiencia del año
2002, es oportuna para desactivar un concepto falaz instalado en casi todos los
análisis políticos, sean oficialistas u opositores: el del “clientelismo”
relacionado exclusivamente con los pobres. El engaño consiste en que los
oficialismos, en lugar de brindar subsidios como instrumento para el desarrollo
de los más vulnerables, y acompañarlos en el objetivo, los utilizan para crear
dependencias. Los opositores por su parte, intentan justificar fracasos
electorales o su falta de consistencia política, en el “clientelismo”
oficialista. Los “puntitos” más pobres se transforman entonces en recursos
electorales. Vocifera el eterno político “conservador” enriquecido en la
función pública: “Mi contrincante te sacará los subsidios…” Sin embargo, esta
ecuación es falsa. El mayor nivel de subsidios
y clientelismo, con su impacto presupuestario, se produce en altos niveles políticos,
usualmente con empresarios asociados. Tomemos Formosa; el subsidiado es el
necesitado que recibe bolsones de comida y ropa para subsistir, o la empresa inexistente
The Old Fund, contratada en el 2009 por el gobierno de Insfrán por 7,6 millones
de pesos, para negociar una deuda provincial con la Nación? Es mayor el subsidio de quien recibe la
Asignación Universal por Hijo, o el que posibilita que políticos oficialistas u
opositores siembren la administración pública de esposos/as, hijos/as,
hermanos/as, amigos/as, con altos salarios, solucionándoles supuestos problemas
de desocupación familiar?
En la próxima reflexión
analizaremos brevemente el escenario que arrojó la primaria del último domingo,
para de ahí en más incursionar en temas concretos de gobierno. Pero con la
imagen cercana de la votación primaria, formulemos el primer reclamo: el actual sistema de votación con la
tradicional “papeleta” es verdaderamente agraviante para una democracia. Exijamos
que para el 2017, se deberá implementar el voto electrónico y lista única en
todo el país.
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