martes, 1 de septiembre de 2015

VOLVIÓ EL FRAUDE PATRIÓTICO?

“La cuestión del fraude pertenece a la filosofía política: hasta que punto un gobierno tiene derecho a presionar para conservar el poder? El primer deber del hombre es defender el pellejo, dice Martín Fierro. De la misma manera, se podría decir que el primer deber de un dirigente político cuando está en el gobierno es mantenerse en el gobierno, pero ¿qué límites tienen los recursos que se pueden llegar a usar? Los conservadores y sus aliados antipersonalistas no se plantearon este problema y, allí donde fue necesario, hicieron fraude; la Capital Federal fue el único lugar donde esto no sucedió”  (“Breve historia de los argentinos”, de Félix Luna, refiriéndose a los fraudes electorales en la década del 30).

El escándalo electoral en Tucumán, como en menor medida sucediera en otras provincias, involucra a los ámbitos político, judicial electoral e institucional, responsables por acción u omisión, de la degradación paulatina y persistente del voto ciudadano. El proceso comenzó con la elección presidencial de 1989, en la que justicialismo y radicalismo por primera vez sacrificaron su histórica identidad unívoca, dando nacimiento a las alianzas (UCR-FREPASO y PJ-UCDE). Posteriormente, la crisis del 2001-02 agravó el problema. Ante el reclamo social “que se vayan todos” sin diferenciar ideologías, la clase política se aterrorizó. Pero como describe Martín Fierro, priorizó su pellejo para poder quedarse todos, y con el fin de seguir succionando de la inagotable teta del Estado, comenzaron a instrumentar legislaciones electorales diseñadas para manipular y/o distorsionar al extremo la voluntad popular. Candidaturas testimoniales; listas espejo, acoples o colectoras; ley de lemas; dobles candidaturas; papeletas que superan el metro de longitud, entre otras, nos retrotrajeron a los fraudes de la década del 30.  

Para ello se cuenta con la complacencia, complicidad, desinterés o incapacidad, del Ministerio del Interior; Cámara Nacional Electoral; Juntas electorales; jueces federales con competencia electoral; y otros organismos estatales intervinientes. No se cumple con el control de requisitos para habilitar partidos; no se verifican los recursos multimillonarios de campañas electorales; no se sancionan incumplimientos de las autoridades oficiales de mesa. Inclusive, como en Santa Cruz, jueces avalan incumplimientos a lo normado por las constituciones locales.

Los gobiernos conservadores podrán usar el ropaje de derechas o izquierdas, pero el resultado no cambia: son conservadores. Dan lugar inevitablemente a oligarquías (poder en manos de pocas personas); cleptocracia (cuando la corrupción se instala en la cima del Estado), y nepotismo (cargos públicos para familiares y amigos). Los desmesurados enriquecimientos ilícitos de altos y medianos funcionarios, amparados por jueces federales y los mal llamados organismos de control, son la exteriorización del “querer conservar” como sea.

“Radical” o “peronista” se utiliza hoy solo como un engañoso anzuelo, para pescar a melancólicos del pasado en el río revuelto preelectoral. En el Olimpo del poder y la permanencia, Alperovich y Zamora, de origen radical, son hoy peronistas-kirchneristas; Moreau, para acercarse al poder, mancilló la memoria de Raúl Alfonsín afirmando que “si viviera sería kirchnerista”; el hermano de Scioli, alias “Pepe”, fue candidato a senador con los radicales; Stolbizer, reserva moral del progresismo, se presenta con un partido distinto en cada elección. Martín Lousteau, recientemente se confesó social demócrata. En la inolvidable historieta de Fontanarrosa sobre el gaucho Inodoro Pereyra, diría su perro parlante Mendieta: qué lo parió !!!

No caigamos en el error de discutir el sistema electoral en plena campaña. Con vista a la elección presidencial del 25 de octubre, solo queda una posibilidad: arremangarse; trabajar fuerte, e involucrar claramente a las autoridades electorales responsables, con la ayuda informativa inestimable del periodismo. Las propuestas de gobierno de los candidatos, en caso de haberlas, deberían presentar un nuevo y democrático sistema electoral aplicable en todo el ámbito nacional, a partir de la elección legislativa del 2017. El voto electrónico y boleta única es necesaria, pero para nada suficiente. El problema es mucho más grave.

Próxima reflexión: miércoles 23 de septiembre.

Lo que los candidatos conocen y nunca dirán sobre la economía

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