miércoles, 1 de noviembre de 2017

100 AÑOS ES AYER

La historia de nuestro país está atravesada por epopeyas libertadoras, inmigraciones valiosas y exilios dolorosos, golpes militares e “institucionales”, decadencia sin freno, demagogias. Si partimos de la recuperación de la democracia en 1983, salvo los primeros años de Raúl Alfonsín, las frases “momentos históricos” o “acuerdos patrióticos” semejan a dolorosos sarcasmos. Hoy, tras un proceso electoral que plasmó una inédita reconfiguración de espacios políticos, es de esperar que viejos y nuevos dirigentes no repitan frustraciones, y consensos virtuosos hagan realidad la promesa pendiente desde 1983: con la democracia se educa, se cura y se come.

Lograrlo será arduo, porque no dependerá de invocaciones facilistas casi místicas. Expresaba Maquiavelo que “un príncipe prudente debe apoyarse en lo propio y no en lo ajeno…tratando siempre de evitar el odio”. En nuestro país aún permanecen demasiados “príncipes” que se han apoderado de lo ajeno bajo la máscara de la defensa de los pobres, el reaseguro de la impunidad, y el útil oscurantismo del odio. Inevitablemente dirigentes políticos bienintencionados deberán coexistir con príncipes conservadores de privilegios, que buscarán mantenerlos bajo la amenaza diabólica del “ajuste”. Muchos de los cuales estarán más preocupados en salvar patrimonios y libertades, que discutir reformas estructurales destinadas al bien común. En este contexto, el ciudadano alejado de “cúpulas” políticas, empresarias, gremiales y judiciales, deberá saber detectar verdades, falsedades y ocultamientos, propaladas por quienes “saben lo que dicen”. En cuanto a la corrupción, muchos mensajes públicos serán crípticos para ser entendidos solo por pocos, con tintes de amenaza para negociar impunidad.

El desafío de interpretar mensajes/opiniones es menos dificultoso de lo que pareciera, aplicando fundamentos de la propaganda y/o discurso político nacidos con los regímenes totalitarios del siglo XX, que fusionan manejo de masas con ideología y mantienen plena vigencia. Solo sufrió retoques de léxico: el concepto masa se reemplazó por opinión pública. Mencionemos dos ejemplos. Este año se cumplen 100 años de la revolución bolchevique. Su sagaz comunicador Lenin, explicaba que ante acontecimientos que afecten la vida de las masas o de sectores, se debía impedir debates superficiales, transformando las apariencias en una realidad que responda al ideario revolucionario. Jean-Marie Domenach ejemplificó este concepto. Si se cierran peluquerías, un cliente podrá pensar que son demasiado numerosas, fueron mal manejadas, o están de moda los cabellos largos. El propagandista rechazará este simplismo, y denunciará que cierran porque las personas carecen del dinero indispensable para sus necesidades vitales. Años más tarde Goebbels, Ministro de Propaganda nazi que perfeccionó la concepción lenilista, estableció las reglas de la propaganda moderna, como la de simplificación, el enemigo único, la exageración, desfiguración y orquestación, entre otras. Sin embargo, pese a lo que se supone, ningún de esos pioneros totalitarios priorizó la mentira como recurso permanente, sino la “interpretación” de los hechos. 

Por ello, considerar a un mensaje falso o verdadero solo guiados por adhesión política, factor emocional o preconceptos intelectuales, no es suficiente. La opción debe acompañarse de la evaluación de causales y consistencias del mensaje. Un fenómeno mundial aún no debidamente evaluado, producto de la acumulación masiva de mensajes contradictorios, provocó que el ciudadano común aunque sea subliminalmente, sea cada vez más analítico y menos emocional. Es un logro de las democracias, que aseguran la libertad de opinión. Por eso los totalitarismos o democracias imperfectas buscan con desesperación controlar y/o desprestigiar medios de comunicación no afines. Cuya calidad y/o veracidad informativa, cabe aclarar, no la otorga el simple hecho que se definan como oficialistas, opositores o independientes.

Para concluir, un ejemplo práctico reciente. Mensaje: “Nos hemos enfrentado a la mayor concentración de poder que se tenga memoria desde la restauración democrática”. En abstracto, puede ser verdadero o falso. Contexto: lo pronunció la ex presidente Cristina Kirchner, tras su derrota electoral el pasado 22 de octubre. Antecedentes: el matrimonio Kirchner gobernó al país durante doce años ininterrumpidos, con mayoría en ambas cámaras legislativas, y el apoyo y/o sumisión de la inmensa mayoría de los gobernadores. Virtudes: su intención de lograr la reelección indefinida fue desactivada por mayoría electoral, y existió libertad de prensa.


Buenos Aires, 01 de noviembre de 2017

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