La historia de nuestro país está
atravesada por epopeyas libertadoras, inmigraciones valiosas y exilios
dolorosos, golpes militares e “institucionales”, decadencia sin freno,
demagogias. Si partimos de la recuperación de la democracia en 1983, salvo los
primeros años de Raúl Alfonsín, las frases “momentos históricos” o “acuerdos
patrióticos” semejan a dolorosos sarcasmos. Hoy, tras un proceso electoral que plasmó
una inédita reconfiguración de espacios políticos, es de esperar que viejos y
nuevos dirigentes no repitan frustraciones, y consensos virtuosos hagan
realidad la promesa pendiente desde 1983: con la democracia se educa, se cura y
se come.
Lograrlo será arduo, porque no
dependerá de invocaciones facilistas casi místicas. Expresaba Maquiavelo que “un príncipe prudente debe apoyarse en lo
propio y no en lo ajeno…tratando siempre de evitar el odio”. En nuestro
país aún permanecen demasiados “príncipes” que se han apoderado de lo ajeno bajo
la máscara de la defensa de los pobres, el reaseguro de la impunidad, y el útil
oscurantismo del odio. Inevitablemente dirigentes políticos bienintencionados
deberán coexistir con príncipes conservadores de privilegios, que buscarán
mantenerlos bajo la amenaza diabólica del “ajuste”. Muchos de los cuales
estarán más preocupados en salvar patrimonios y libertades, que discutir reformas
estructurales destinadas al bien común. En este contexto, el ciudadano alejado
de “cúpulas” políticas, empresarias, gremiales y judiciales, deberá saber detectar
verdades, falsedades y ocultamientos, propaladas por quienes “saben lo que
dicen”. En cuanto a la corrupción, muchos mensajes públicos serán crípticos
para ser entendidos solo por pocos, con tintes de amenaza para negociar
impunidad.
El desafío de interpretar
mensajes/opiniones es menos dificultoso de lo que pareciera, aplicando fundamentos
de la propaganda y/o discurso político nacidos con los regímenes totalitarios
del siglo XX, que fusionan manejo de masas con ideología y mantienen plena
vigencia. Solo sufrió retoques de léxico: el concepto masa se reemplazó por
opinión pública. Mencionemos dos ejemplos. Este año se cumplen 100 años de la
revolución bolchevique. Su sagaz comunicador Lenin, explicaba que ante
acontecimientos que afecten la vida de las masas o de sectores, se debía impedir
debates superficiales, transformando las apariencias en una realidad que
responda al ideario revolucionario. Jean-Marie Domenach ejemplificó este
concepto. Si se cierran peluquerías, un cliente podrá pensar que son demasiado
numerosas, fueron mal manejadas, o están de moda los cabellos largos. El
propagandista rechazará este simplismo, y denunciará que cierran porque las
personas carecen del dinero indispensable para sus necesidades vitales. Años
más tarde Goebbels, Ministro de Propaganda nazi que perfeccionó la concepción
lenilista, estableció las reglas de la propaganda moderna, como la de
simplificación, el enemigo único, la exageración, desfiguración y orquestación,
entre otras. Sin embargo, pese a lo que se supone, ningún de esos pioneros
totalitarios priorizó la mentira como recurso permanente, sino la
“interpretación” de los hechos.
Por ello, considerar a un mensaje falso o verdadero
solo guiados por adhesión política, factor emocional o preconceptos
intelectuales, no es suficiente. La opción debe acompañarse de la evaluación de
causales y consistencias del mensaje. Un fenómeno mundial aún no debidamente
evaluado, producto de la acumulación masiva de mensajes contradictorios, provocó
que el ciudadano común aunque sea subliminalmente, sea cada vez más analítico y
menos emocional. Es un logro de las democracias, que aseguran la libertad de
opinión. Por eso los totalitarismos o democracias imperfectas buscan con
desesperación controlar y/o desprestigiar medios de comunicación no afines. Cuya
calidad y/o veracidad informativa, cabe aclarar, no la otorga el simple hecho que
se definan como oficialistas, opositores o independientes.
Para concluir, un ejemplo
práctico reciente. Mensaje: “Nos hemos
enfrentado a la mayor concentración de poder que se tenga memoria desde la
restauración democrática”. En abstracto, puede ser verdadero o falso. Contexto:
lo pronunció la ex presidente Cristina Kirchner, tras su derrota electoral el
pasado 22 de octubre. Antecedentes: el matrimonio Kirchner gobernó al país durante
doce años ininterrumpidos, con mayoría en ambas cámaras legislativas, y el
apoyo y/o sumisión de la inmensa mayoría de los gobernadores. Virtudes: su
intención de lograr la reelección indefinida fue desactivada por mayoría
electoral, y existió libertad de prensa.
Buenos Aires, 01 de noviembre de
2017
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