Las noticias falsas (fake news), se presentan como un fenómeno comunicacional moderno exacerbado por las redes sociales que actúan en un espacio digital amorfo caracterizado por la inmediatez, del que participan ciudadanos comunes en un supuesto pie de igualdad con personajes reconocidos y perfiles falsos. Pero el juego mantiene principios inmutables: las opiniones no son asépticas, sino responden a preconceptos, intereses y tamices culturales. Pero las noticias/opiniones falsas no reciben la misma atención cuando de las redes sociales se pasa al concreto mundo de los medios de comunicación escritos, televisivos o radiales, a cuya misión de informar, entretener y educar, se le suma la tarea de “convencer” cuando se incursiona en el campo político. En este caso la eventual utilización de noticias falsas puede complementarse con entrevistas complacientes.
No es una novedad, pues es sabido de políticos que aceptan ser reporteados solo por determinados periodistas. Lo interesante es detectar durante el diálogo cuando surge la falsedad, complacencia o supuesta impericia para obtener opiniones útiles y veraces por parte del entrevistado. Existen tres escenarios de ejercicio periodístico: el columnista (transmite su opinión subjetiva con o sin datos de apoyo); espacios de debate (el conductor instala temas, regula tiempos y se preseleccionan panelistas), y el reportaje (intercambio entre entrevistado y entrevistador). La actividad se desarrolla en un marco de libertad y diversidad en el que coexisten por ejemplo, Clarín, La Nación y Página 12; América 24, Crónica TV y C5N; Pagni, Majul y Víctor Morales. En este escenario se entrecruzan rigurosidad informativa, noticias falsas, puestas en escena para promover imagen o direccionar opinión. Respecto a los medios y periodistas citados, posiblemente hayamos emitido juicios de valor sobre cada uno de ellos. De ser así, “creeremos” lo que nos dicen unos, y “rechazaremos” lo que nos dicen otros, cayendo en el objetivo básico de la propaganda política: que lo emocional predomine sobre lo racional. Para ello los mensajes responderán a la regla propagandística llamada de “simplificación”, basada en que “el nivel intelectual del mensaje deberá ser tanto más bajo cuanto más grande sea la masa de personas que deba convencer”. (La propaganda política – Jean Marie Domenach – 1950).
Si a la luz de esta definición prestamos atención a los mensajes emitidos a través de WhatsApp, Facebook o Twitter por reconocidos políticos, sean oficialistas u opositores, se comprobará su pobreza argumentativa. Se remiten a emitir opinión (subjetiva) disfrazada de información (objetiva), intentando en muchos casos reafirmarla con datos numéricos aparentemente consistentes, pero inexistentes o de origen dudoso. Lo sorprendente de esta multiplicidad comunicacional, que pareciera romper con la condición monopólica característica de la propaganda política creada por los regímenes fascistas y comunistas en la primera mitad del siglo XX, es culpabilizarla por resultados electorales imprevistos, como los que erigieron a Trump y Bolsonaro presidentes. Cabe preguntarse: no es muy pobre, simplista y exculpatorio para los derrotados los que plantean este escenario? Sería posible que en realidad el bombardeo informativo que dispersa noticias falsas, esté desarrollando un espíritu crítico en los ciudadanos, en contraposición a viejos discursos que plantean viejos políticos?
Mencionemos un ejemplo habitual de complicidad o impericia periodística. El periodista de turno, asumiendo el rol de implacable, pregunta al político entrevistado: Ud. robó?. Su respuesta inevitable será: estoy sufriendo una persecución política. Jamás un periodista repreguntó: cómo explica entonces el crecimiento patrimonial durante su ejercicio en la función pública?
Otro ejemplo. En canal TN ante los periodistas Winazki y Luciana Geuna, el sindicalista de Aerolíneas Argentinas Cirielli justificó el paro que perjudicó a 30.000 pasajeros, y entre los motivos mencionó que la línea low-cost Fly Bondi tendría capitales del narcotráfico. Ninguno de los periodistas le repreguntó: que tienen que ver su denuncia con los pasajeros afectados?
Independientemente de orientaciones políticas personales, ejercitarnos en detectar omisiones, falsedades y complicidades en el discurso político, le dificultará cada vez más a la vieja política manipular a la opinión pública. Y básicamente, engañarnos.
Buenos Aires, 21 de noviembre de 2018
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