El sonajero es un juguete para bebés destinado a estimular su desarrollo y permitirles llamar la atención a través de los sonidos. Muchos de nuestros políticos en épocas preelectorales se inspiran en su función para crear nuevos “espacios” partidarios, con algunas diferencias. El sonajero lo agita quien abandonó su cuna / partido político recientemente, y el desarrollo que pretende estimular es el de sus ambiciones. Por lo que la utilidad que rescata del sonajero es la de hacer ruido para visibilizarse y perdurar.
Esta moda bullanguera se expandió en las dos últimas décadas tras la pérdida del rol de los partidos políticos tradicionales, como naturales receptáculos de diversidades aunadas tras políticas básicas compartidas. Tamaña dilución y fragmentación hace suponer que la declamada “antipolítica” nace en el propio seno de las burocracias partidarias, y no en supuestas culpabilidades de los votantes, como avezados analistas pretenden justificar los fenómenos Trump y Bolsonaro entre otros. En nuestro país se habla de peronismo, pero los peronistas se distribuyen en diversos partidos, con excepción del justicialista. Se habla de radicales, pero muchos de ellos dispuestos a escuchar ofertas de otros partidos, incluida la variante justicialista kirchnerista. Este burdo mercadeo es apañado por un sistema electoral que permite la perpetuación de políticos a través de las listas legislativas sábana, listas colectoras, ley de lemas y otras trampas. En Brasil por ejemplo, Dilma Rousseff no pudo alcanzar los votos individuales necesarios para ser senadora en el Estado de Minas Gerais, quedando en cuarto lugar. Con nuestras listas sábana hubiera ingresado.
Ello explica la sobreventa de sonajeros destinados a llamar la atención del dedo elector de los líderes de turno en épocas preelectorales. Su ruidoso uso no resaltará ideologías, fidelidades partidarias o coherencias programáticas, sino desnudará ambiciones, traiciones, hipocresías, amontonamientos, y como es usual, nepotismos. No sorprende ver al fluctuante Felipe Solá escapándose de la cuna Massa para adquirir el sonajero Red Argentina, intentando llamar la atención de mamá Cristina. Ver a Lischfiz, Stolbizer y Ricardo Alfonsín arrojándose de sus respectivas cunas portando el colorido sonajero Encuentro Progresista. Ver a Victoria Donda, cuyo mandato vence en la próxima elección, zafando de los barrotes de la cuna Libres del Sur, mientras agita entusiasta el simpático sonajero Somos Más. En esta puja para sobrevivir hay sonajeros más baqueteados, como los usados por los autoproclamados “líderes sociales” Grabois, Menéndez y Alderete, que hacen inexplicable la función que debieran cumplir los organismos estatales específicos de Nación, provincias y municipios. Los primeros balbuceos políticos de estos renovados bebes, mientras gatean en busca de protección maternal (Cristina), o paternal (Mauricio, Sergio), no son papá y mamá, sino más grandilocuentes: pueblo, progresismo, defensa de los pobres. Si se les critica su inconstancia para juguetear en una única cuna, repiten el sagaz balbuceo del avezado bebe Solá: “no miro el pasado; miro el futuro”. Pueden pelearse entre bebes, pero como debido a sus prolongadas lactancias no son ingenuos, la corrupción no será un límite que les impida amigarse. Retozaron en demasiadas cunas como para caer en sutilezas.
En esta descripción que fluctúa entre la ironía, el escepticismo y el reiterado oportunismo de las corporaciones políticas, debiéramos plantearnos dos interrogantes: 1) cuándo se habla de la necesidad de concretar un gran acuerdo político- social, cabe preguntarse: entre quiénes?. 2) no será momento de sustentar este reclamado y frustrado acuerdo sin el paraguas de conceptos corporativos y abstractos, como peronismo, radicalismo, sindicalismo, empresariado, para concretarlo con figuras concretas de cada uno de dichos sectores que posean cualidades de honestidad, capacidad, legitimidad representativa y voluntad de transformar los arcaicos esquemas políticos-institucionales que generaron y generan inequidad, atraso y pobreza? Para mantener privilegios, complicidades y prácticas corruptas, demasiados acuerdos multisectoriales han sido posibles y exitosos.
Contra lo que podría suponerse el momento es oportuno, pues en los próximos meses la “grieta” como recurso de poder (Carl Schmidt), hasta el cierre de listas será reemplazada por innumerables “fisuras”, producto de una especialidad de los compradores de sonajeros: el travestismo político.
Buenos Aires, 14 de noviembre 2018
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