Artículo 1º: Todos los depósitos ya sean en pesos, o en moneda extranjera, a plazo fijo y a la vista, captados por las entidades financieras autorizadas para funcionar por el Banco Central de la República Argentina, de conformidad con las previsiones de la Ley 21.526 y sus modificatorias, quedan comprendidas en el régimen de la presente ley. Dichos depósitos son considerados intangibles.
El Artículo 2º reforzaba el concepto de intangibiladad, señalando textualmente que “El Estado nacional en ningún caso, podrá alterar las condiciones pactadas entre el/los depositantes y la entidad financiera, esto significa la prohibición de canjearlos por títulos de la deuda pública nacional, u otro activo del Estado nacional, ni prorrogar el pago de los mismos, ni alterar las tasas pactadas, ni la monedad de origen, ni reestructurar los vencimientos, los que operarán en las fechas establecidas entre las partes”.
El texto corresponde a la Ley 25.466, denominada de intangibilidad de los depósitos (no se pueden tocar salvo por su titular), ratificando un principio claramente establecido en la Constitución Nacional, que fué sancionada por el Senado de la Nación por unanimidad el 31 de agosto de 2001. Tres meses más tarde, el 03 de diciembre, se estableció el denominado “corralito”, por el que los ahorristas y cuentas sueldos solo podían retirar de sus cuentas 250 dólares o pesos por semana. Se produjo la caída de De la Rúa en diciembre, se negoció la sucesión que culminó con la designación de Eduardo Duhalde como presidente, que paradójicamente había perdido la elección presidencial solo dos años antes. El 09 de enero de 2002 se promulgó le ley de reprogramación de los depósitos y plazos fijos conocido como “corralón”, que significó la confiscación de los ahorros concentrados en la clase media argentina. Cuatro años más tarde, el 28 de diciembre de 2006, día de los Inocentes, la Corte Suprema de Justicia avaló la pesificación asimétrica y reprogramación de los depósitos. De este modo se repitió en su esencia la confiscación de ahorros que solo 12 años antes había implementado Carlos Menem con el plan Bonex, también con total consenso político.
La gravedad de los hechos no se remite a recordar leyes y sus efectos. A horas de implementadas las confiscaciones de depósitos en el 2002, para aquéllos clientes empresarios o políticos privilegiados que en el colmo de la ingenuidad habían quedado con ahorros en sus cuentas (no muchos en realidad), varias instituciones financieras implementaron un sistema de “devolución y traslado” ilegal de dichos fondos vía Uruguay. Fueron los mismos banqueros que obligaban a los empleados en los bancos a resistirse a entregar el dinero a pequeños y medianos ahorristas cuando se presentaban con un amparo judicial para que se lo devolvieran.
Cuál es la preocupación que generan éstos antecedentes diez años más tarde? Que los actores políticos, empresariales y financieros de hoy, en nombres y apellidos, son los mismos de ese entonces. Por ello los debates pretendidamente épicos entre supuestos neoliberalismos y progresismos están sofisticadamente instalados en la sociedad para ocultar que la matriz política de fondo no se transformó, a tal punto que supuestas oposiciones quedan patéticamente diluídas por la carencia de alternativas de gobierno serias, que ni se esfuerzan en disimular al momento de votar las leyes del oficialismo. Recordemos que en Argentina el Ejecutivo también legisla, lo que no es una crítica, porque si no lo hiciera careceríamos de leyes.
Hoy resuenan frases sacadas del arcón de los recuerdos: “corralito del dólar”; “dólar negro, perdón, blue, paralelo”; “protegeremos el ahorro de los argentinos”; “tenemos que acostumbrarnos a pensar en pesos”, pronunciadas por quienes históricamente hicieron todo lo contrario. Viene a la memoria una fábula, que son composiciones literarias breves que concluyen con una enseñanza o moraleja, que escribiera el famoso fabulista griego Esopo unos 600 años antes de Cristo.
Un pastor cuidaba su rebaño cerca del pueblo, y se divertía asustando a sus vecinos gritando:¡viene el lobo para atacar el rebaño…!! Cuando los pobladores acudían presurosos, se reía porque los había engañado. Un día apareció el lobo realmente, y ante los gritos desesperados del pastor, la gente del pueblo creyó que repetía su humorada, y nadie corrió en su ayuda. Como consecuencia, el lobo se comió todas las ovejas. Moraleja: a un mentiroso no se le cree ni cuando dice la verdad.
En el caso argentino, vistos los antecedentes, la actuación del político-pastor tiene una sutil variante: mientras el lobo se come las ovejas, grita…. ¡¡ tranquilos, no hay lobos!!
domingo, 3 de junio de 2012
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