La renuncia de Daniel Reposo a la postulación
como Procurador General, cargo que dejara vacante el dr.Righi como resultado de
la denuncia de Boudou contra su estudio, fué presentada por supuestos
opositores y sectores de la prensa como
“una derrota de la
Presidente ”, y avanzando más aún en el diagnóstico, se la
proyectó como un síntoma ante un intento futuro de obtener la mayoría necesaria
para reformar la constitución, a fin de que la habilite para un nuevo mandato.
Pareciera ser una lectura extremadamente superficial y consecuentemente errada.
La palabra “derrota” no debiera ser utilizada
para definir el resultado de un debate legislativo interpretado como un fervoroso
intercambio de ideas entre distintas posturas que ayude a obtener por mayoría la
mejor decisión para el interés general. Lamentablemente no es nuestra
realidad política y legislativa. Reposo
fue un mal candidato desde su nominación inicial, más allá del posterior
conocimiento de sus antecedentes profesionales. Su pública adhesión y amistad
con Amado Boudou, quien precisamente originara el alejamiento de Righi, sumado
a sus actitudes patoteriles como representante del Estado en directorios de
empresas, y su pobre desempeño al frente de la Sigen , son antecedentes suficientes para
inhabilitarlo como candidato. Sin embargo se persistió en la nominación, sumergiendo
a políticos, instituciones y medios de comunicación en una larga polémica
sustentada en falseamientos en su currículum
y pobreza en sus exposiciones, hasta que finalmente presentó su renuncia. Pero
para quienes entusiastamente consideran un éxito opositor esta supuesta
imposibilidad de alcanzar la mayoría de votos necesaria para designarlo,
realizan un análisis puntual y no secuencial.
A días de conocidos sus antecedentes, ya sea a favor o en contra, qué
dudas podían tener los legisladores en cuánto a su decisión? La conclusión es
que al no existir oposiciones partidarias sólidas y coherentes, crecen los
políticos “multipartidarios” que no representan a nadie, y basan su accionar en
“negociar” ante el poder según sus intereses, uno por uno como en las
entrevistas laborales. Ejemplo: a horas de la renuncia de Reposo, no se habían
expedido, entre otros, Adolfo Rodríguez Saa y Samuel Cabancich. En este contexto no cabe duda que si el
Gobierno actuara firmemente sobre algunos “representantes del pueblo” para
obtener la mayoría necesaria que habilite una reforma constitucional, la
obtendría, por lo que el caso Reposo no fué una derrota de la Presidenta , quien posiblemente
esté mucho más de acuerdo con la postulación de la dra. Gils Carbó. Pero siempre
es saludable generar algún suceso que mantenga en la sociedad la creencia que
la oposición existe. Comparemos sino el minucioso debate sobre el curriculum de
Reposo, con la total ausencia de análisis en la aprobación legislativa de la
expropiación de las acciones de Repsol para asumir el control de YPF. Tal es
así, que a la fecha ni siquiera se conoce el cuadro de ingresos- egresos que la
empresa tendrá en los seis meses que restan del año.
Por otra parte la eventual designación de
Reposo, y de quien lo suceda en la postulación, no cambiará el estado de
dependencia del poder judicial al poder político, en especial en los casos de
corrupción de funcionarios públicos y empresarios privados. Sin embargo siempre
hay que distinguir tonalidades en el mundo de la política, porque la corrupción
se favorece con el negro como color excluyente. Como antecedente de la dra. Gils
Carbó, figura haberse opuesto en tiempo y forma a la fusión de Multicanal y
Cablevisión, que en ese entonces contaba con el aval del Gobierno. Más allá de
sus argumentos, en un contexto en el que prima la obsecuencia y el verticalismo
irrestricto (algunos lo llaman militancia), es un hecho a destacar.
En relación a la obsecuencia, no se puede
dejar de mencionar la insólita propuesta del prestigioso periodista deportivo
Víctor Hugo Morales, devenido en comentarista político, que en un reciente
programa televisivo adecuadamente llamado “Bajada de línea”, hizo un público
llamado a funcionarios y periodistas entre los que se incluía, para que en un
acto ejemplar y patriótico transformaran sus dólares en pesos. Tan genial fué
su propuesta, que impactó inclusive a la Presidente , quien de inmediato comprometió
pesificar sus ahorros en dólares. Cuando uno expone una idea que entiende
colabora con una situación pública determinada, como es la actual crisis de
demanda de dólares, y más cuando se utiliza un medio de comunicación masivo,
asume la responsabilidad de verificar e informar acerca del resultado. Por lo
que sería importante que Víctor Hugo diera a conocer quienes respondieron a su
llamado, y en cada caso monto transformado en pesos, institución bancaria en que
se realizó la operación, y en los depósitos en plazo fijo, tasa de interés
pagada. Este último es un detalle importante, porque en las investigaciones de
enriquecimientos ilícitos de funcionarios, parte de los incrementos
patrimoniales se justifican en tasas de interés
excepcionales pagadas por instituciones financieras de plaza por los
fondos depositados por los investigados, que obviamente no se pagan a la “avara
clase media”, a la que tampoco le otorgan créditos, y si lo hacen, es con
costos financieros finales escandalosos. Un detalle no menor Víctor Hugo: si el
crédito se lo dan en dólares, las tasas serán mucho más bajas que si se lo dan
pesos. Porqué no incluyó a los banqueros en su llamado a la comunidad?
Tan demagógico e impracticable resultó el reclamo
realizado ante una audiencia masiva que se supone mayoritariamente de clase
media, que no puede sino ser considerado una pobre acción de marketing lindante
con la burla. Una virtud, cuando se proclama, hay que demostrarla. Sino solo es
un engaño.
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