sábado, 16 de junio de 2012

DE REPOSO A VÍCTOR HUGO MORALES


La renuncia de Daniel Reposo a la postulación como Procurador General, cargo que dejara vacante el dr.Righi como resultado de la denuncia de Boudou contra su estudio, fué presentada por supuestos opositores  y sectores de la prensa como “una derrota de la Presidente”, y avanzando más aún en el diagnóstico, se la proyectó como un síntoma ante un intento futuro de obtener la mayoría necesaria para reformar la constitución, a fin de que la habilite para un nuevo mandato. Pareciera ser una lectura extremadamente superficial y consecuentemente errada.

La palabra “derrota” no debiera ser utilizada para definir el resultado de un debate legislativo interpretado como un fervoroso intercambio de ideas entre distintas posturas que ayude a obtener por mayoría la mejor decisión para el interés general. Lamentablemente no es nuestra realidad  política y legislativa. Reposo fue un mal candidato desde su nominación inicial, más allá del posterior conocimiento de sus antecedentes profesionales. Su pública adhesión y amistad con Amado Boudou, quien precisamente originara el alejamiento de Righi, sumado a sus actitudes patoteriles como representante del Estado en directorios de empresas, y su pobre desempeño al frente de la Sigen, son antecedentes suficientes para inhabilitarlo como candidato. Sin embargo se persistió en la nominación, sumergiendo a políticos, instituciones y medios de comunicación en una larga polémica sustentada  en falseamientos en su currículum y pobreza en sus exposiciones, hasta que finalmente presentó su renuncia. Pero para quienes entusiastamente consideran un éxito opositor esta supuesta imposibilidad de alcanzar la mayoría de votos necesaria para designarlo, realizan un análisis puntual y no secuencial.  A días de conocidos sus antecedentes, ya sea a favor o en contra, qué dudas podían tener los legisladores en cuánto a su decisión? La conclusión es que al no existir oposiciones partidarias sólidas y coherentes, crecen los políticos “multipartidarios” que no representan a nadie, y basan su accionar en “negociar” ante el poder según sus intereses, uno por uno como en las entrevistas laborales. Ejemplo: a horas de la renuncia de Reposo, no se habían expedido, entre otros, Adolfo Rodríguez Saa y Samuel Cabancich.  En este contexto no cabe duda que si el Gobierno actuara firmemente sobre algunos “representantes del pueblo” para obtener la mayoría necesaria que habilite una reforma constitucional, la obtendría, por lo que el caso Reposo no fué una derrota de la Presidenta, quien posiblemente esté mucho más de acuerdo con la postulación de la dra. Gils Carbó. Pero siempre es saludable generar algún suceso que mantenga en la sociedad la creencia que la oposición existe. Comparemos sino el minucioso debate sobre el curriculum de Reposo, con la total ausencia de análisis en la aprobación legislativa de la expropiación de las acciones de Repsol para asumir el control de YPF. Tal es así, que a la fecha ni siquiera se conoce el cuadro de ingresos- egresos que la empresa tendrá en los seis meses que restan del año.

Por otra parte la eventual designación de Reposo, y de quien lo suceda en la postulación, no cambiará el estado de dependencia del poder judicial al poder político, en especial en los casos de corrupción de funcionarios públicos y empresarios privados. Sin embargo siempre hay que distinguir tonalidades en el mundo de la política, porque la corrupción se favorece con el negro como color excluyente. Como antecedente de la dra. Gils Carbó, figura haberse opuesto en tiempo y forma a la fusión de Multicanal y Cablevisión, que en ese entonces contaba con el aval del Gobierno. Más allá de sus argumentos, en un contexto en el que prima la obsecuencia y el verticalismo irrestricto (algunos lo llaman militancia), es un hecho a destacar.

En relación a la obsecuencia, no se puede dejar de mencionar la insólita propuesta del prestigioso periodista deportivo Víctor Hugo Morales, devenido en comentarista político, que en un reciente programa televisivo adecuadamente llamado “Bajada de línea”, hizo un público llamado a funcionarios y periodistas entre los que se incluía, para que en un acto ejemplar y patriótico transformaran sus dólares en pesos. Tan genial fué su propuesta, que impactó inclusive a la Presidente, quien de inmediato comprometió pesificar sus ahorros en dólares. Cuando uno expone una idea que entiende colabora con una situación pública determinada, como es la actual crisis de demanda de dólares, y más cuando se utiliza un medio de comunicación masivo, asume la responsabilidad de verificar e informar acerca del resultado. Por lo que sería importante que Víctor Hugo diera a conocer quienes respondieron a su llamado, y en cada caso monto transformado en pesos, institución bancaria en que se realizó la operación, y en los depósitos en plazo fijo, tasa de interés pagada. Este último es un detalle importante, porque en las investigaciones de enriquecimientos ilícitos de funcionarios, parte de los incrementos patrimoniales se justifican en tasas de interés  excepcionales pagadas por instituciones financieras de plaza por los fondos depositados por los investigados, que obviamente no se pagan a la “avara clase media”, a la que tampoco le otorgan créditos, y si lo hacen, es con costos financieros finales escandalosos. Un detalle no menor Víctor Hugo: si el crédito se lo dan en dólares, las tasas serán mucho más bajas que si se lo dan pesos. Porqué no incluyó a los banqueros en su llamado a la comunidad?

Tan demagógico e impracticable resultó el reclamo realizado ante una audiencia masiva que se supone mayoritariamente de clase media, que no puede sino ser considerado una pobre acción de marketing lindante con la burla. Una virtud, cuando se proclama, hay que demostrarla. Sino solo es un engaño.

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