sábado, 30 de junio de 2012

MISTICISMO POLÍTICO Y LA ESPERA DE UN NUEVO MESÍAS


El título no significa que las reflexiones políticas hayan mutado al campo de la religiosidad, más allá que los gobiernos con “líderes excluyentes” tienen alguna semejanza en la relación “del salvador” con las masas, pero con una limitante insalvable: la mortalidad. Sin embargo conductas cada vez más repetidas entre nuestra clase política y dirigente, recuerdan la doctrina religiosa y filosófica relacionada con la comunicación directa entre el hombre y la divinidad a través de la intuición o el éxtasis: el misticismo.  

El misticismo podría explicar el recurrente fenómeno de políticos y dirigentes que aplauden con fervor determinados discursos y decisiones políticas presidenciales, y al poco tiempo muestran el mismo entusiasmo aprobatorio ante decisiones opuestas a las que adhirieron, en forma inmediata y simultánea con el anuncio, como si algún profeta hubiera bajado del monte con el nuevo mensaje divino. Aclaremos que éste éxtasis se refiere a políticos, empresarios y gremialistas que han mantenido vigencia política con los recursos del Estado, como mínimo en las dos últimas décadas. No comprende a los millones de ciudadanos que independientemente de sus ideologías y posturas oficialistas u opositoras, por carecer de privilegios basan en su trabajo las expectativas de  lograr una mejor calidad de vida, a los que los políticos suelen llamar “ciudadanos comunes”.

La rápida sucesión de los fenómenos místicos no reconoce antecedentes en la antigüedad. En cuestión de pocos meses YPF pasó de ser un ejemplo de inversión y descubridor de nuevos yacimientos, a una empresa vaciada; el empresario Esquenazzi, de ser un ejemplo de capital nacional y experto en “mercado regulados”, a ser deudor del hombre más rico del mundo, Carlos Slim, y del banco Santander Río, que sin desearlo se hicieron de sus acciones ante la falta de pago de los créditos que le otorgaran; se pasó en un día del libre accceso a la compra de dólares, a promover la inmediata pesificación de la economía,  con expiaciones ante la lujuria cambiaria propuesta por el discípulo Victor Hugo Morales, tales como que los fieles transformaran perentoriamente sus dólares en pesos, bajo la amenaza de ser castigados por varias plagas (en este punto fracasó, porque los argentinos son expertos en soportar plagas); legisladores que unánimemente aumentaron sus dietas en más del 100 % en diciembre pasado, meses más tarde en estado de éxtasis aplauden la decisión del Ejecutivo  de no aumentar en un 30 o 40 % el mínimo imponible aplicado a los salarios; quienes destacaban a Moyano como ejemplar gremialista defensor del modelo hace unos meses, lo acusan en la actualidad de ser un patotero que coacciona a la sociedad con huelgas injustificadas.   

El contexto místico también recrea la eterna lucha entre el bien y el mal, pero con una curiosidad vernácula que está mereciendo un profundo estudio de los exégetas, especialistas en la interpretación de textos sagrados: los que luchan por el bien hoy se pasan al mal mañana, y viceversa, lo que está generando en la sociedad argentina una fuerte propensión al ateísmo. Esta transmutación da lugar que ante las permanentes acusaciones de acciones golpistas, destituyentes, conspirativas y desestabilizadoras que se cruzan nuestros “demócratas” políticos, no pueda determinarse quien es el bueno y quien es el malo, con excepción del comandante Magnetto, jefe de la organización maligna llamada “la Corpo”. Esta rareza nos lleva a plantear una hipótesis: si la lucha entre el bien y el mal que se quiere instalar en la sociedad en realidad no existe, y solo pretende ocultar sutilmente un acuerdo entre Dios y Satanás para gobernar a los argentinos, disfrazado de oficialista uno, y de opositor el otro?

Para profundizar esta hipótesis, hagamos el ejercicio de comparar opciones que el ámbito político presenta a la sociedad como contrapuestas, poniendo nombres y apellidos. El método propuesto permite la inclusión de otros nombres, con la sola condición de que no se  evalúen sus imágenes, sean buenas o malas, sino el convencimiento que tenga el que intente la experimentación, de que las opciones elegidas pueden representar una nueva política. Comencemos.

Prefiere a Moyano y Barrionuevo o a Lescano, Gerardo Martínez y Cavallieri para conducir a la CGT? (el taxista Viviani puede ser usado como comodín). Prefiere a la CTA de Pablo Michelli o a la de Hugo Yasky? Prefiere a Ignacio de Mendiguren como ministro de Duhalde o como actual presidente de la Unión Industrial Argentina? Prefiere a los jueces federales Oyarbide, Bonadío, Canicoba Corral y Servini de Cubría investigando delitos contra el Estado en la época menemista, o en la kirchnerista? Prefiere la reelección presidencial de Cristina Kirchner o la elección de Daniel Scioli? Prefiere las conductas de Carlos Alvarez, Nilda Garré, Débora Giorgi, Diana Conti, Roberto Feletti y Abel Fatala en el gobierno de la Alianza, o en el actual? Prefiere a Alberto Fernández como adherente o como opositor del “modelo K”? Prefiere a Julio Cobos como radical puro gobernando Mendoza o como radical K siendo vicepresidente de la Nación? En la interna radical de la provincia de Buenos Aires prefiere la lista de Ricardo Alfonsín y Gustavo Posse o la de Leopoldo Moreau y Federico Storani? Prefiere un proyecto político encabezado por Cristina Kirchner, Daniel Scioli y Hugo Moyano, o por Daniel Scioli, Hugo Moyano, Mauricio Macri y Francisco De Narváez? Prefiere a Francisco De Narváez como duro crítico de Scioli en el 2010, o buscando una alianza con Scioli en el 2012? Prefiere a Osvaldo Cornide como presidente de la CAME adhiriendo a la política de Menem, o  en la actualidad con el mismo cargo adhiriendo a la política de Kirchner? Prefiere a radicales y socialistas apoyando al gobierno y votando en contra de sus leyes en el Congreso, o criticando al gobierno y votando a favor?  Prefiere que las viviendas sociales las ejecuten los gobiernos provinciales con corrupción, o Hebe de Bonafini y Milagro Sala con corrupción?

Las combinaciones entre políticos, empresarios, gremialistas y jueces con plena vigencia en los últimos veinte años pueden ser infinitas.  Observando ésta continuidad de actores que marcan el destino político de un país, y para cerrar la metáfora místico-religiosa, podemos presuponer que en el campo político la sociedad continúa esperando al Mesías.


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