miércoles, 8 de abril de 2015

EL ENGAÑO COMO MENSAJE POLÍTICO

En las dos últimas reflexiones tituladas “Veladas amenazas preelectorales”, analizamos los contextos políticos y económicos que produjeron la crisis de los años 2001-2002. Recordarlo es imprescindible, ante mensajes nada ingenuos que pretenden asimilar el acuerdo PRO-UCR-Coalición Cívica con la Alianza. En la propaganda política, los mensajes breves carentes de fundamentación, son uno de los instrumentos utilizados para direccionar la opinión pública, influenciándola para votar por determinada agrupación o candidato. Los sustentados en los rótulos “derecha e izquierda” han perdido fuerza en la política argentina. La realidad indica que al calor del poder gobernante, conviven supuestas derechas recalcitrantes, supuestas izquierdas impolutas, y supuestos opositores listos para transformarse en oficialistas. Los instrumentos ineludibles para tamaña confraternidad ideológica, son los cargos y prebendas del Estado.

Pero utilizar el fantasma de la Alianza para perjudicar todo atisbo de opción electoral al Partido Justicialista merece ser evaluado, por las preocupantes similitudes que presenta el contexto actual con el del 2001-2002. Ello explicaría la ausencia de propuestas concretas de los tres candidatos a la presidencia mejor posicionados (Macri, Massa y Scioli), como la de sus voceros. Saben que las consignas publicitarias “lo mejor está por venir” del oficialismo, o “ante un cambio de gobierno vendrán inversiones”, esgrimido por la oposición, es mera retórica sin previa aplicación de medidas de ajuste. Comparemos diversos indicadores.

Situaciones políticas
Año 1999: la Alianza asumió tras 10 años de gobierno justicialista, con minoría legislativa y fuerte oposición. Año 2015: el próximo gobierno asumirá tras 15 años de gobierno justicialista, seguramemente con minoría legislativa, y fuerte presencia opositora del FPV.
Año 2003: el PJ no concurrió a elecciones unificado, sino diluído en tres candidatos: Menem, Kirchner y Rodríguez Saá. Año 2015: el justicialismo concurrirá con el FPV y el Partido Renovador de Massa, y quizás una tercera alternativa, integrada por De la Sota y Rodríguez Saá. El PJ y la UCR perdieron identidad como partidos políticos.

Situaciones económicas
Año 1999 (diciembre): la Alianza recibe el Gobierno con una deuda externa de 145.289 millones de dólares; reservas Banco Central de 27.831 millones de dólares; inflación 1,80 % (negativa); desempleo 13,80 %.
Año 2014 (diciembre): deuda externa de 140.366 millones de dólares; reservas Banco Central de 31.443 millones de dólares; inflación 23,90 %; desempleo 7,50 %. A la deuda externa se le suma la deuda interna (el Tesoro con el Banco Central; Ansés; Pami): 21.500 millones de dólares.
Salvo la Deuda Interna a diciembre de 2014, la totalidad de los datos SON OFICIALES, por lo que se parte de la base más optimista.

Crisis años 2001(diciembre)-2002
Golpe duro: la Alianza abandonó el gobierno el 20 de diciembre con los siguientes indicadores: deuda externa 166.272 millones de dólares; reservas Banco Central 19.425 millones de dólares; inflación 1,50 % (negativa); desempleo 18,30 %. En el mismo mes se había implementado el llamado “corralito”, que para evitar corridas bancarias limitaba la libre disposición de dinero en plazos fijos, cuentas corrientes y cajas de ahorro. Se produjo una gran reacción social.
Acuerdo político interpartidario: tras la renuncia de De la Rúa, las medidas más resonantes fueron el no pago de la deuda externa (Rodríguez Saá), y salir de la convertibilidad vigente desde marzo de 1991 (Duhalde). Esta medida produjo una fuerte devaluación, que a diciembre 2002 alcanzó $ 3,09 por dólar, y una inflación de 41,00%. El “corralito” se transformó en “corralón”, y todas las obligaciones en dólares se pesificaron a $ 1,40 por dólar, pese a que el dólar oficial cotizaba a $ 2,20 pesos por dólar. A los ahorristas se les entregó un Bono a 10 años (Boden 2012), embargando y licuando sus ahorros. Por el contrario, a los grandes empresarios y banqueros se les licuó y estatizó parte de sus deudas, a través del escandaloso procedimiento conocido como pesificación asimétrica, por el que se los compensaba por la diferencia entre el dólar de pesificación y el oficial, entregándoles por la diferencia Bonos del Estado. Por añadidura, estos Bonos significaron un enorme negocio a mediano plazo para diversos Fondos de Inversión. Los pequeños y medianos ahorristas, por su parte, obligados por sus necesidades, debieron vender con grandes pérdidas parte de sus Bonos a 10 años.

Con estos antecedentes, y más allá de preferencias electorales, la ciudadanía debería exigir a los candidatos que expliciten si estos datos son ciertos, o bien dar a conocer los que manejan para elaborar sus propuestas. Deberemos estar precavidos para evitar que en enero de 2016 no se repita lo que en enero  2002, el entonces diputado radical Leopoldo Moreau bautizara grandilocuentemente como “acuerdo político interpartidario de salvación nacional”.



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