Una historieta es un relato
conformado por una serie de dibujos correlacionados. El componente gráfico es
el encargado de transmitir aventuras que van de la ilusión al realismo; del
humor al espanto. El indio tehuelche Patoruzú y sus aventuras, nacieron en 1928
de la mano de Dante Quinterno, quien tiempo más tarde incorporó a Isidoro
Cañones, porteñito piola y vividor. Ambos personajes emblemáticos volvieron a
la memoria ante el trabajo denodado que están encarando una multitud de
infectólogos (jueces, fiscales, políticos, empresarios), para encontrar cuanto
antes los anticuerpos que destruyan el circunstancial virus llamado “lucha
contra la corrupción”. De este modo se podrá retornar a la normalidad, saqueando
recursos del Estado con impunidad. El nombre de Patoruzú, por otra parte, evita
que el flagelo estrictamente nacional, intente ocultarse tras expresiones foráneas,
como “mani pulite”; Panamá Papers; “cuentas offshore”, o similares. Para que
“buitres” internacionales ataquen a un país, previamente deben actuar aves
rapaces locales para generar la carroña que los alimenten.
Como corresponde a una
historieta, el recuerdo de Patoruzú nace en lo visual: el fiscal Marijuán
recorriendo la extensa Patagonia, en una tarea casi de puerta a puerta,
buscando con enjundia “el dinero mal habido”. Pero su asombro por la cantidad
de campos, propiedades edilicias, autos de alta gama, y otros bienes
detectados, provoca interrogantes. La causa por lavado se inició hace más de
treinta meses, producto como ya es habitual, de una investigación periodística
de abril de 2013, que brindaba circuitos de blanqueo, con nombre de sociedades
y número de cuentas bancarias involucradas. Marijuán hace suponer que nunca antes
se solicitó información a los Registros de Propiedad e instituciones financieras,
o bien que les fueron negadas. Este punto debería ser aclarado, como así
también el nombre de los titulares de dichos bienes. También genera dudas que no
se hayan detectado cuentas con dinero para proceder a su embargo. A ello se
suma el viaje que muy tardíamente harán el juez Casanello y el fiscal Marijuán
a Suiza. Hace más de dos años se detectaron en dicho país dos cuentas bancarias
de Báez y su entorno, con 22 millones de dólares. En ese entonces,
supuestamente se envió un exhorto a la justicia suiza requiriendo su
congelamiento. Pero como la corrupción se sostiene en una aceitada trama
estatal, es de suponer que el juez Casanello consultó con el Director de
Asistencia Jurídica de la Cancillería, Horacio Basabe, si el exhorto fue realmente
cursado, fecha de envío, si cumplía con los requisitos judiciales exigidos por el
país extranjero para darle curso, o bien contenía los habituales “errores” para
que la solicitud fuera denegada (picardía Isidoro Cañones). Por si es necesario
aclararlo, los 22 millones de dólares fueron retirados hace tiempo por Báez. Finalmente
cabe preguntarse: que rol cumplió el fiscal antilavado Carlos Gonella, en esta
investigación de lavado?
Mientras Báez y su entorno
monopolizan el “operativo transparencia Patoruzú”, no debemos olvidarnos de
otras causas trascendentes. Ciccone:
el juez Lijo, más allá de Boudou y sus amigos, no produjo nuevos avances en la
causa, para profundizar sobre la entidad “fachada” controlante The Old Fund,
sin antecedentes ni capital propio. Hotesur
y Los Sauces: causa también relacionada con Baéz, en cuanto al lavado de
dinero, y/o pago de coimas. Desde el 28 de abril pasado se encuentra a cargo
del juez Julián Ercolini, al ser apartado el juez Rafecas, un potencial sosías
de Oyarbide, que la mantuvo paralizada durante varios meses. Fútbol para Todos: a cargo de Servini
de Cubría, la causa investiga la desaparición de 179 millones de pesos del
programa Fútbol para Todos, en el corto tránsito que va de la Jefatura de
Gabinete a la Asociación del Fútbol Argentino.
Es interesante porque replica el esquema, filosofía y actores de la
política dentro de los clubes, aplicados a la corrupción estatal-privada. Resultado:
pobres y multimillonarios viendo fútbol gratis; clubes en su gran mayoría vaciados
y con deudas impagables; campeonatos absurdos, y funcionarios, dirigentes,
empresarios e intermediarios enriquecidos. Todo ello, usufructuando las aún
denominadas cínicamente “entidades sin fines de lucro”.
Lázaro Báez en un reclamo tiene
razón. Si la corrupción se origina en el saqueo de los recursos del Estado, porqué
no se investiga a los funcionarios públicos responsables del circuito de
facilitación y entrega del dinero? Para colaborar con la confundida justicia,
será tema de la próxima reflexión el alcance del concepto “sobrecostos en la
obra pública”, o de las contrataciones del Estado en general. Es mucho más
fácil e inmediato detectarlos, que buscar cuentas “offshore”.
Buenos Aires, 01 de junio 2016
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