miércoles, 22 de octubre de 2014

FANTASMAS DEL PASADO: ECONOMÍA 2001-2002

En el análisis de similitudes y diferencias entre el período 2001/02 y el actual, tratamos en la última reflexión el contexto político. Para incursionar en lo económico, es necesario establecer indicadores relevantes, con valores estadísticos comparables a lo largo del tiempo, para luego interrelacionarlos y proyectar evoluciones futuras. Para ello se adoptaron datos oficiales, según los Organismos específicos, hasta el 2013 inclusive. Se incluye al INDEC, pese a la adulteración de  datos estadísticos a partir de su intervención en el 2007.

Entre la multiplicidad de factores que origina una crisis terminal, dos son inevitables: pésimas conducciones políticas y alta corrupción. En el caso de nuestro país, desde hace décadas se sigue un mismo patrón: el Estado no genera riqueza para luego gastar y/o invertir, sino consume riqueza hasta límites de insolvencia, para luego reconstituir la caja estatal bajo el paraguas de emergencias económicas. Los recursos para volver a recaudar tampoco son novedosos: morosidad con los acreedores; confiscación de depósitos a pequeños y medianos ahorristas; congelamiento de salarios; privatizaciones y/o estatizaciones de las cajas de jubilaciones y empresas estatales. Bajo falsos debates ideológicos, se intenta disimular los objetivos: recuperar recursos públicos y seguir gastando irresponsablemente, con enriquecimientos desmedidos de funcionarios y empresarios.

Lo más preocupante de la crisis actual, aún dificultosamente manejable, es el discurso público de los por ahora oficialistas y supuestos opositores, coincidente en plantear que la ciudadanía tendrá que esperar 14 meses,  hasta diciembre del 2015, ya sea para perseverar en el “modelo” o para modificarlo. Aclaran, temerosos, que la crisis actual “nada tiene que ver con el 2001”. La afirmación es intencionadamente falaz; si no se toman decisiones de corto plazo que modifiquen el rumbo económico-social, se replicará  a fines del 2015 la estrategia de concordancia política para aplicar un feroz ajuste en “nombre de la salvación nacional”, utilizada en el 2002. Y para que no quepan dudas, con las mismas dirigencias, beneficiarios y víctimas de ese entonces.

Vayamos a los números. En un intento de enriquecer los reiterativos debates económicos, y a modo de mojón de partida para encarrilarlos y pasar de los diagnósticos a las propuestas, se propone un marco referencial con los siguientes indicadores económicos e hitos políticos claves:

INDICADORES ECONÓMICOS: 1) Deuda externa;  2) Reservas Banco Central;  3) Tipo de cambio ($/U$S);  4) Precios al Consumidor (inflación);  5) Tasa de desempleo.
HITOS POLÍTICOS: 1) diciembre 1999 (vence mandato de Menem);  2) diciembre 2001 (renuncia De la Rúa);  3) diciembre 2002 (asume Duhalde en enero);  4) diciembre 2003 (asume Kirchner en mayo);  5) diciembre 2014 (estimado).

Al respecto se elaboró un cuadro, inserto al pié, que visualizado en su globalidad y no en comparaciones interesadamente parcializadas, puede exhibir sorpresas. Por ejemplo, relacionar deuda externa y reservas del Banco Central en diciembre 2009 contra diciembre 2013. O ver el impacto que tuvo en tan solo dos años, entre 1999 y 2001,  la pérdida de 8.000 millones de dólares de reservas y el incremento del desempleo en 4,5%. Las recurrentes crisis en nuestro país, a partir de la célebre frase “hay que pasar el invierno”, pronunciada en 1962 por el Ministro de Economía Alvaro Alsogaray, tiene matices distintivos según la época: el que apuesta al dólar pierde; los depósitos de los argentinos son intangibles; los buitres nos atacan. Donde no hubo ni habrá matices diferenciales, lamentablemente, será en las soluciones: las ganancias se concentran y las pérdidas se diversifican. Y para la corrupción, garantismo. Observar el cuadro, e imaginar conclusiones.

Año
Deuda externa (u$s)
Reservas Banco Central (u$s)
Tipo de cambio      u$s x $
Precios consumidor (inflación)
Desempleo
Diciembre 1999 (cierre ciclo Menem)
145.289
27.831
1,00
-1,8
13,8
Diciembre 2001 (cae De la Rúa)
166.272
19.425
1,00
-1,5
18,3
Diciembre 2002 (en enero asumió Duhalde)
156.748
10.485
3,09
41
17,8
Diciembre 2003 (en mayo asumió Kirchner)
164.645
14.119
3,00
3,7
17,3
Diciembre 2013 (gestión Cristina Kirchner)
137.613
30.529
5,46
10,8
7,1
Diciembre 2014 (estimado)
sin datos serios
25.500
9,10
30
10
Fuente hasta diciembre 2013: Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Argentina

Para concluir con esta secuencia 2001-2002-2013, e ir avizorando nuestro destino en las postrimerías del 2015 y comienzo del 2016, en la próxima reflexión recordaremos parcialmente quiénes ganaron y quienes perdieron en la crisis 2001-2002. El método aplicado no fue neoliberal y/o nacional-popular, sino genérico. Se llama clase dirigente argentina.


miércoles, 15 de octubre de 2014

SIMILITUDES Y DIFERENCIAS ENTRE 2001 Y 2002

Los ciudadanos alejados de prebendas y/o negocios con el Estado, se aproximan peligrosamente al reclamo político de “Necesitamos del esfuerzo de todos los argentinos”. La consecuencia irremediable será que los más débiles deberán subsidiar a los responsables de las recurrentes crisis económicas, ya sea con indigencia, desempleo o pérdida de ahorros. Señalamos en la última reflexión similitudes y diferencias con la crisis que estalló en diciembre del 2001, en lo referido a lo político. Intentaremos hacerlo en el presente comentario en lo económico.

Se supone que apoyarse en números no debiera admitir grises: son ciertos o son falsos. Sin embargo es más fácil manipular a la opinión pública con números que con palabras. Cómo encarar un análisis entonces? En primer término, transparentando las fuentes de información. En este caso, se utilizó lo publicado en los principales medios de comunicación, entre septiembre de 2001 y abril de 2002, con opinión de analistas económicos, políticos, y datos de organismos oficiales y privados. Vale una aclaración que no debiera sorprender: la casi totalidad de los actores intervinientes en ese entonces, sean públicos, privados o gremiales, tienen vigencia hoy.

El siguiente paso sería establecer indicadores económicos y sociales relevantes, interrelacionándolos a lo largo de períodos claves. Es lo que se conoce como serie estadística comparable. Según sean las metodologías de relevamiento u objetivos sectoriales, siempre existirán diferencias entre fuentes estatales y privadas. Pero quien está obligado a ser técnicamente impecable y creíble es el Estado, no solo por abarcar el interés común de todos los argentinos, sino porque sus indicadores debieran determinar políticas de gobierno posibles. El manifiesto falseamiento de datos del INDEC trastoca de manera irresponsable la precisión en los análisis estadísticos secuenciales, y más grave aún, distorsiona predicciones económicas futuras. Para los sectores sociales más vulnerables, como les gusta denominarlos a los políticos, discutir si la inflación es del 25, 30 o 40 % es, sin exageración, criminal. Recordemos, para evitar que los empresarios se escondan tras la Presidente, que la cúpula de la Unión Industrial Argentina, entre otros sectores privados, avaló, consintió o ignoró la distorsión de datos del INDEC, por lo menos durante los tres primeros años.

Datos ciertos no son suficientes para informar a la población. Es necesario establecer una misma base de partida para todos los indicadores (base 100), y no saltar de mes en mes según nos convenga. Por ejemplo, supuestos éxitos actuales tienen valores muy distintos, según la base sea noviembre de 2001 o enero 2002. La razón es simple; la salida de la convertibilidad en enero con la fuerte devaluación, inicialmente con una paridad de 1,40 pesos por dólar, y que solo dos meses después alcanzara un valor de 4 pesos, redujo violentamente el poder adquisitivo y el empleo.  No fue en el gobierno de la Alianza, sino en el justicialista de Duhalde.

La primera enseñanza, es que la expresión de políticos y economistas planteándonos que hay que esperar hasta diciembre de 2015 para “que cambien las expectativas”, peca de necedad o de engaño. En el 2001 los problemas subyacentes de años atrás se desencadenaron en pocos meses. Diciembre 2015 queda muy lejos para esperar que las decisiones impopulares las tome el próximo gobierno, con el apoyo de la gran mayoría del actual espectro político, incluido el kirchnerista. Pasó en el 2001. El apoyo mancomunado que se le negó a De la Rúa, lo obtuvo Duhalde pocos días más tarde, con la adhesión del radicalismo incluida. Previamente se asistió a despiadadas internas justicialistas que dieron lugar a tres presidentes en diez días (Puerta, Rodriguez Saá y Caamaño). Una ironía típica de nuestra clase dirigente: el candidato de consenso elegido, Duhalde, había perdido las elecciones presidenciales tan solo dos años antes. El hartazgo llevó al recordado clamor popular: “Que se vayan todos”.

Tanto candidatos oficialistas por ahora, como opositores por ahora, todos ellos expertos en diagnósticos y paladines del canto “yo tengo fe”, debieran proponer acciones de corto plazo, y mediano plazo a partir de diciembre de 2015. La acción legislativa oficial y opositora, debe posibilitar adoptar decisiones en lo económico a ser mantenidas por el próximo gobierno, para no afectar una vez más al país. Y las propuestas divergentes, plasmarlas en lo que nuestros abuelos llamaban plataforma electoral. Solo una salvedad: que los consensos no incluyan mantener vigente la protección de la corrupción estatal/privada, que es la que origina, por otra parte, las recurrentes crisis económicas.


Con esta reseña preliminar, en la próxima reflexión daremos cifras comparativas entre el 2001/2002 y la actualidad. No menos interesante,  recordaremos sacrificios realizados por fuertes grupos económicos, ante el reclamo político de contar con “el esfuerzo de todos los argentinos”.

miércoles, 8 de octubre de 2014

AMENAZA DESTITUYENTE: ESTRATEGIA O REALIDAD?

Desactivado el golpe militar para derrocar gobiernos constitucionales, los grupos civiles interesados en tal objetivo perdieron la cobertura uniformada.  Como sustituto apareció el sofisticado neologismo destituyente, o dicho más correctamente, “neogolpismo”. Consiste en el accionar de grupos pretendidamente demócratas, aunados para conspirar y actuar dentro de marcos supuestamente constitucionales, contra gobiernos democráticamente constituidos. El neogolpismo, impedido de invocar la otrora noble intención de “recuperar la democracia”, apela a nuevas terminologías, tales como vacío de poder o tendencias autoritarias, que para tener efecto exigen un caldo de cultivo ineludible: crisis económica y agitación social.

Esta modalidad tuvo varios ejemplos desde el 2000 a la fecha en nuestro continente, como en Argentina, Honduras y Paraguay. Ante el no muy lejano reemplazo del gobierno de la Alianza en el 2001, no debemos dejar pasar por alto las denuncias formuladas por la presidente Cristina Kirchner contra grupos tanto internos como externos.  Más aún, cuando los principales dirigentes políticos, gremiales y empresarios actuales, tuvieron activa participación en la acción destituyente contra el gobierno encabezado por De la Rúa, incluida la propia Presidente, entonces senadora nacional, que desde su banca exigió la inmediata renuncia del en ese entonces mandatario.

No es el objetivo reivindicar al gobierno de De la Rúa, lo que se asemejaría a un irrelevante ejercicio de opinión, sino mucho más preocupante, destacar peligrosas similitudes y diferencias en los campos políticos y económicos, entre la actualidad y la crisis del 2001. Preocupa particularmente, que tanto oficialistas como circunstanciales opositores intentan disimularlas o negarlas ante la opinión pública. Obviaremos amenazas externas, sean orientales u occidentales, y estériles debates sobre el fallo del senil juez Griessa; la mala Repsol o la buena Chevron; el malo Paul Singer o el bueno George Soros; la utilización de dólares o yuanes, etc. La razón es simple: cualquier ataque buitre externo necesita de la acción carroñera previa de buitres criollos. En nuestro caso, el nivel de corrupción y enriquecimientos patrimoniales de altos funcionarios públicos y empresarios asociados, indican la abundancia de la especie en nuestro país.

A diferencia del gobierno de la Alianza, la presidenta cuenta con el manejo de todos los resortes de información calificada en los campos de inteligencia, economía y política, tras once años ininterrumpidos de gestión kirchnerista. Posee el apoyo público de los gobernadores, mayoría en las dos Cámaras, un poder gremial debilitado por divisiones pero siempre listo para acuerdos en su propio interés, y un poder judicial cuanto menos, neutralizado. Con ninguno de estos beneficios contaba De la Rúa. Peor aún; su gobierno albergaba la cúpula del  Frente Grande, cuyos principales dirigentes se incorporaron a paquete cerrado al actual gobierno, entre ellos uno de los responsables de la debacle del 2001, el ex vicepresidente Carlos Alvarez.

Cuál es entonces la situación explosiva hoy? En lo político, un hecho reiterativo, que paradójicamente permitiera el ingreso de la Alianza al gobierno. Salvajes internas de raíz justicialista para mantener espacios de poder. Pero la acción destituyente del 2001, fracasó en el recurso de reemplazar anticipadamente gobiernos no justicialistas bajo el eslogan “no saben gobernar”, y se encontró con la sorpresiva y justificada reacción masiva de la sociedad, unificada bajo el recordado reclamo “que se vayan todos”. Ello generó un temor inédito en la clase política que aún perdura, y actúa como antídoto ante cualquier nuevo intento de neogolpismo. Salvo honrosas excepciones, los políticos del 2001se quedaron todos, pero al amparo de híbridos y oportunistas Frentes, Concertaciones, Uniones o similares, “enriquecidas”  con pequeñas agrupaciones sectoriales irrelevantes y casi patriarcales, solo útiles al efecto  de que sus progenitores políticos accedan a una banca legislativa o a un cargo público. En este esquema vigente, ser oficialista u opositor es solo una situación temporal acotada, por lo que la representación de los votantes es inexistente. Ello explica la desaparición de las plataformas electorales con compromisos concretos, y los partidos justicialista, radical y socialista identificados como tales en una elección.

Respecto al 2001, se observan dos indicadores en lo político: 1) la certeza que la dirigencia no volverá a intentar un neogolpismo destituyente, en defensa de su propia supervivencia. 2) un escenario político-partidario volátil y oportunista disfrazado de pragmático, mucho más peligroso que el que existía en el 2001.


En la próxima reflexión incursionaremos en indicadores de la economía, estableciendo diferencias y similitudes con la crisis del 2001. De no revertirlos, nos acercamos peligrosamente a la nefasta frase para  las clases medias y más vulnerables, en boca de políticos que viven de los recursos del Estado: “Necesitamos del esfuerzo de todos los argentinos”. 

miércoles, 1 de octubre de 2014

ALTERNATIVAS DE PERSONAS Y NO DE POLÍTICAS

Señalábamos en la última reflexión que intentaríamos identificar los principios y programas que sustentan las tres opciones con caudal electoral necesario para ser consideradas opción de gobierno a partir de diciembre de 2015. Para ello partiremos de sus raíces históricas, que si bien puede parecer arbitrario, al menos nos evita partir de la atomización partidaria y la anomia. Son tres opciones que denominaremos:

1) Vertiente justicialista, se presente como oficialismo u oposición.
2)  Vertiente radical-socialista, circunstancialmente conocida como UNEN.
3) Vertiente partido nuevo conocido como PRO, con base en el Gobierno de la Ciudad.

La crisis política argentina aflora desde el inicio del intento de análisis: es mucho más inmediato establecer similitudes entre ellos que diferencias programáticas. Ello echa por tierra el engañoso reclamo preelectoral de “falta diálogo”, sino por el contrario, revela la existencia en las últimas décadas  de un permanente diálogo entre las mismas clases dirigentes, solo que basados en principios de permanencia e intereses personales, y no en reclamos sociales mayoritarios. Por otra parte, a falta de partidos tradicionales y consistentes que cohesionen opiniones y políticas, cabe preguntarse: diálogo con quienes?   Con los ex radicales Zamora, Posse y Moreau? Con los peronistas De Narváez, Mendiguren, Moyano y Menem? Con los mimados por Hebe de Bonafini, llámense Boudou, Schocklender y Milani? Con los mini partidos porteños de Solanas y Patricia Bullrich? Con la insoportable autosuficiencia de Elisa Carrió, creadora pertinaz de partidos? Con el actual funcionario y ex vicepresidente de la Alianza Carlos Alvarez?  Con los incombustibles De la Sota y Rodríguez Saa? Con la centro derecha, centro o centro izquierda? Con peronistas línea  menemista, kirchnerista o renovadora? Con radicales puros o radicales ex K?

Todos los citados conforman una mínima expresión de quienes han dialogado en forma sostenida durante las dos últimas décadas, siempre bajo el paraguas protector de los abundantes recursos del Estado. Cierto es que pueden existir algunas peleítas mediáticas, pero nada personal. Solo al efecto de mantener espacios de poder. Cumplido este requisito, el juego de alianzas puede ser insólito e infinito.  Citemos entonces similitudes entre quienes pretenden ser diferentes.

1.- Vulneración permanente de las leyes vigentes. El ejemplo más reciente es el desaforado inicio de la campaña electoral 2015, anticipando en 10 meses lo indicado en el artículo 31 del Capítulo IV de la ley electoral 26.571, que indica que la campaña electoral deberá iniciarse 30 días antes de las elecciones primarias, previstas para el domingo 09 de agosto de 2015.

2.- Mantenimiento de una anacrónica legislación de elección de candidatos, como las llamadas listas sábana y la no implementación del voto electrónico, entre otras medidas.

3.- Protección creciente de los funcionarios políticos para restringir al máximo el cumplimiento y conocimiento público de la declaración de bienes durante el desempeño de la función pública.

4.- Eludir la presentación de un proyecto de ley que establezca que todo funcionario procesado, de rango político, automáticamente deberá dejar su cargo, pues si bien le cabe presunción de inocencia, su condición procesal no lo habilita para manejar decisiones o recursos públicos. El caso más explícito es el del senador Carlos Menen, al que ninguna agrupación política pidió su desafuero. En Argentina, un condenado puede legislar.

5.- Cesión permanente al Gobierno nacional por parte de gobernadores y sus legisladores, de atribuciones que le son propias o corresponden al Poder Legislativo,  siendo los responsables, y no el Ejecutivo nacional que lo promueve, que el federalismo en nuestro país sea una entelequia.

6.- Negar el acceso de la población a los cargos públicos a través de concursos que reconozcan méritos y necesidades en pie de igualdad, manipulando los ingresos y obligando a que los ciudadanos paguen con sus impuestos bases militantes rentadas, transformando a las instituciones del Estado en costosas, ineficientes, y por lo tanto innecesarias.

A partir de esta realidad, intentaremos en la próxima reflexión un tibio y apresurado análisis de las opciones electorales para el 2015, al menos desde lo cuantitativo.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

OBJETIVO 2015: CAMBIAR PARA QUE NADA CAMBIE

Existen dos vertientes clásicas para reflexionar sobre política. Una de carácter utópico, representada entre otros por Platón, Santo Tomás de Aquino y Rousseau, que nos propone que la política nos debe conducir a una sociedad armónica y con bienestar general.  La otra, de carácter escéptico, que analiza la política como es y no como nos gustaría que fuera, tiene como exponentes a Maquiavelo y Max Weber.

Si bien el discurso político se asienta en lo utópico y falsamente moralista, el ejercicio del poder, muy especialmente cuando se desea mantenerlo a lo largo del tiempo, apela al más crudo realismo. Se intenta sintetizar la filosofía de Maquiavelo con la célebre frase “el fin justifica los medios”, que provoca una falsa repulsa en los políticos. Pero si abandonamos la seducción de las palabras y nos guiamos por lo incontrastable de los hechos, la vigencia de su obra “El príncipe” es asombrosa, porque más allá del contexto político en que la escribió hace ya más de 500 años, se sustentó en algo que excede lo temporal: la condición humana. Más concretamente, la condición para ejercer el poder y mantenerlo.

Citaremos solo dos de sus conceptos, que por su vigencia nos permitirá iniciar la reflexión sobre nuestra coyuntura política criolla, que hasta el momento va a contramano de la racionalidad para lograr el normal funcionamiento de nuestro sistema democrático. “Es menester que el príncipe tenga el ánimo dispuesto a cambiar según los vientos de la fortuna y las circunstancias. Sabrá apartarse del bien mientras pueda y saber entrar en el mal, si es necesario”. No podría asimilarse a lo que nuestros eternos políticos llaman pragmatismo? Ejemplo: que casi los mismos que privatizaron YPF, veinte años después la reestatizaron, siendo el único factor común en ambos casos el perjuicio económico para el país.

Escribió Maquiavelo: “Todos ven lo que el príncipe parece, pero pocos comprenden lo que es; y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de muchos, que tienen la majestad del Estado que les proteje”. No guarda esta expresión una increíble similitud con lo que en la modernidad se conoce como “imagen”, en donde se gastan fortunas entre consultores y publicistas, para transformar a los candidatos en productos que “parezcan”, y a las ideologías en marketing político?

Un factor distintivo de nuestra realidad política, es el mantenimiento de una misma clase dirigente durante al menos los últimos veinte años. No solo política, sino gremial y empresarial. Paradójicamente ello no posibilitó la existencia y continuidad de un proyecto de país, sino exhibió fuertes oscilaciones entre supuestos neoliberalismos o progresismos, más declamados que ciertos. Lo que sí se mantuvo inmutable es una metodología de permanencia en el poder, ya no solo de gobierno, sino de cargos de representación en general. Lograrlo significó destruir partidos políticos sólidos; mantener sistemas electorales que limiten al máximo la capacidad de decisión de los ciudadanos; y coptar todos los organismos de control a fin de salvaguardar sólidos entramados de negocios entre funcionarios públicos y empresarios privados asociados, muchos de ellos simples testaferros, para saquear recursos y decisiones públicas. Todo ello con manifiesta protección judicial, salvo honrosas excepciones. El plañidero reclamo de “institucionalidad”, que responde a la vertiente utópica, solo es utilizado en las campañas electorales. Porque la intención de continuar usufructuando las mieles del Estado por parte de nuestra clase dirigente, exige el estricto cumplimiento de la vertiente del realismo, excelentemente descripto por Maquiavelo. Esto explica la falta de alternativas en nuestro país. Qué alternativas y a qué?

Hoy ya sabemos que, inevitablemente, gane quien gane, a partir de diciembre de 2015 la dirigencia será la misma. A la ciudadanía solo le resta, con la colaboración de organismos no gubernamentales de interés público, y medios de comunicación no comprometidos con la mediocridad, sean o no oficialistas, intentar fisurar al menos el tramposo mensaje que intenta hacernos creer que existen oficialismos y oposiciones, o dicho de otro modo, exigiendo al menos dos proyectos de gobierno claramente definidos y sustentables desde lo político, para que la ciudadanía realmente pueda elegir.

Para avanzar sobre este diagnóstico, en la próxima reflexión intentaremos identificar las características de las tres opciones con caudal electoral para el 2015: 1)Vertiente justicialista, se presente como oficialismo u oposición; 2) Vertiente radical-socialista, circunstancialmente conocida como UNEN; 3)Vertiente partido nuevo conocido como PRO, con base en el Gobierno de la Ciudad.



miércoles, 17 de septiembre de 2014

LAS MÁXIMAS DE MÁXIMO

Finalmente Máximo, hijo de la Presidente, habló en público. Lo hizo en un estadio de fútbol ante aproximadamente unos  40.000 asistentes, según refieren las crónicas. Más allá del clásico debate en cuanto a número de asistentes a un acto masivo, la convocatoria tuvo una trascendencia que no cualquier político puede lograr, especialmente los acostumbrados a los confortables sets de televisión para promocionarse.

La escenografía habitual de este tipo de actos presentó algunos aspectos distintivos. Una amplia mayoría generacional  joven, y ausencia de patotas gremiales y barras bravas del fútbol  “cuidadoras del orden”. Indefectiblemente el orador tenía a sus espaldas a beneficiarios de cargos públicos bien rentados, con algunos funcionarios “veteranos” en la búsqueda de apoyo político para sus aspiraciones. Los concurrentes daban la impresión de no haber sido arreados por intendentes o gremialistas, con servicio de transporte, básico de bolsillo para actos, y choripán incluídos. La angustia de la necesidad de subsistencia que sufren quienes deben “hacer número” en las concentraciones, era suplida por el auténtico y siempre positivo entusiasmo juvenil, sanamente utópico en algunos aspectos.

Sin embargo, más allá de sofisticadas elucubraciones respecto al verdadero objetivo del encuentro,  el discurso se sustentó en lo más triste y rancio de la actualidad política argentina, apoyando ancestrales formas de nepotismo colonial. El reclamo, dada su condición filial, orilló el ridículo: si tan mala es mi mamá, porqué no dejan que se presente nuevamente al cargo de Presidente, y le ganan?, clamó Máximo. Como suele suceder en estas circunstancias, los obsecuentes de siempre, ya sin el beneficio de la juventud, salieron en apoyo del desafío barrial. Cabría preguntarse entonces, si un período de 12 años de gobierno ininterrumpidos, son insuficientes en un pretendido sistema democrático. Cuando decimos ininterrumpidos, es porque así será. Las permanentes denuncias de desestabilización son meros recursos distractivos. No hay que ser eximio analista para saber que el PJ (el pejotismo como decía Néstor Kirchner), jamás actuará para voltear un gobierno propio. Un ejemplo es el ex vicepresidente Carlos Alvarez, uno de los principales responsables de la crisis del gobierno de la Alianza en el 2001. Desde hace más de tres años ocupa cargos con generosos salarios en representación del gobierno en el exterior. Una campaña periodística, por su parte, puede esmerilar imagen, pero jamás voltear.

Sin embargo, sería injusto presentar el reclamo filial como extemporáneo, criticándolo desde el oportunismo fácil, y no en el marco de una pretendida sociedad moderna que estamos lejos de alcanzar. Se fundamenta  Máximo en su propia provincia, que tiene reelección indefinida; en gobernadores que transformaron a sus provincias en verdaderos cotos familiares y de negocios, coptando toda institución de control. En el “ex radical” Zamora, que instaló de apuro a su esposa como gobernadora en Santiago del Estero, al declararse inconstitucional su pretensión de presentarse una vez más al cargo. Todo esto en medios de sociedades empobrecidas dependientes de la prebenda de un cargo público o subsidios estatales humillantes que mantienen a sucesivas generaciones de ciudadanos en condiciones de extrema pobreza, y con una degradación permanente de la escuela pública que hace rato perdió su condición de “nivelador social”. Sin ir más lejos, recientemente el gobierno de Scioli  decidió anular los aplazos en las escuelas primarias, y designar docentes sin título. El éxito se consigue cumpliendo con los días de clase prometidos con una aceptable calidad de enseñanza, no ocultando estándares de nivel educativo.

Mucho más preocupante para la sociedad, es que el acto y el reclamo de Máximo desnuda la enorme mediocridad de la clase política para formular propuestas concretas de gobierno, o diseñar un futuro de país, como pomposamente les gusta decir a los políticos en programas de televisión. Ya no a mediano plazo, sino a octubre de 2015, para una vez en funciones actuar de inmediato. Esto incluye al propio oficialismo, cuando Scioli dice que será la “continuidad con cambio” (reconozcamos que Scioli es un maestro en hablar sin definir nada), hasta la supuesta oposición, embarcada en el minué de elegir compañero para la fiesta de 15 (perdón, para la elección del 2015), sin definir previamente una plataforma con políticas básicas que establezcan puntos concretos para debatir acuerdos o divergencias.

Máximo podría haber dicho con justa razón: aparte de las decisiones de mi mamá, alguien tiene otras propuestas a futuro?



miércoles, 20 de agosto de 2014

NO CONFUNDIR NECEDAD CON COMPLACENCIA

Todo indicaría que Marcelo Tinelli perderá la exclusividad respecto a mostrar que los precandidatos presidenciales son, a excepción de sus patrimonios, gente como uno, y en el deseo de sumar votos, no temen mostrar en su reconocido programa televisivo que también saben ser superficiales y hasta ridículos.   

La competencia mediática que lo amenaza será feroz, ante la profundidad de los debates: Insaurralde irá con Massa o Scioli? Cómo terminará el triángulo Carrió, Solanas y Macri? Alguien descubrirá que piensa realmente Scioli?  “Patria o buitres” implicará la caza y desaparición de las aves rapaces foráneas, sobreviviendo únicamente las criollas? Estos meritorios desempeños actorales en la temporada 2014-15, tendrá un común cierre de función: la entonación del himno nacional político titulado ¡! Combatiremos la corrupción sin descanso!!, bajo la batuta del maestro  Norberto Oyarbide.

Más allá de ironías, es necesario que la sociedad, independientemente de ideologías y circunstanciales adhesiones, se rebele ante tanta necedad, que cuenta con la colaboración, ya sea inocente o cómplice, de encuestadores de opinión y analistas políticos. El alto concepto de “política” entendida como organización de las sociedades a través del Estado en busca del bien común, queda banalizada por riñas de barrio, asesores de imagen y millonarias propagandas, que intentan ocultar el vacío absoluto de propuestas concretas y transformadoras.

Como nada es casual en el devenir político, intentaremos esbozar una hipótesis de esta triste realidad, estableciendo como mojón de partida la crisis del 2001. De origen político, generó un enorme cimbronazo económico-social, que es una consecuencia habitual en países con alta corrupción y sistemas políticos débiles. El factor diferenciador respecto a crisis anteriores fue la reacción unánime de la sociedad, que más allá de partidismos, pronunció el recordado reclamo que aún hoy genera un fuerte temor en la clase política: ¡! Que se vayan todos!! Expresión nihilista e impracticable, revelaba sin embargo un profundo hartazgo social, que dificultaba la repetición de la remanida estrategia marketinera de “se va el que no sabe gobernar, y viene el que sabe gobernar”.

La última vez que los partidos Justicialista y Radical concurrieron simultáneamente a elecciones sin abjurar de sus identidades fue en 1989, en donde triunfó el Frente Justicialista Popular, encabezado por Menem-Duhalde, por sobre la UCR, con Angeloz-Casella. Entre ambos partidos sumaron el 80 % de los votos. A partir de entonces en las subsiguientes elecciones se presentaron Alianzas, Coaliciones, Frentes o conformaciones similares, de nombres cambiantes y respaldos partidarios meramente simbólicos. El tradicional bipartidismo, en lugar de ser desafiado por un tercer partido fuerte y enriquecedor para la vida democrática, estalló en mini partidos personalistas solo útiles para que sus dirigentes se posicionaran como opción permanente a cargos legislativos, colgándose sin pruritos de quienes ejercen el poder, o ingresando por votos propios con escuálidas minorías. Un falso barniz de convergencia o transversalidad intenta ocultar la negociación de cargos y prebendas como elemento constitutivo de las adhesiones políticas.

Lo peor estaba por venir. Esos eternos dirigentes “todo terreno” creativos para conformar pequeñas agrupaciones solo útiles como moneda de cambio, se creyeron más importantes de lo que son. Con el cargo público muy bien rentado bajo el brazo, en lugar de ofrecerle una opción distinta a la sociedad como resultado de enriquecedores debates internos ampliamente participativos, exhiben autocomplacencia, soberbia y necedad. Son por ello igualmente responsables que desde hace más de veinte años permanezca una misma clase dirigente de raíz justicialista manejando los destinos del país, que no existan partidos políticos, y lo más grave, que desaparecieran las plataformas electorales contundentes como base de debate y opción de elección del votante.

Hay posibilidades de cambio? Por las buenas o por las malas siempre las habrá. Pero un crudo diagnóstico del origen de nuestra pobreza institucional es imprescindible para lograrlo.


Próxima reflexión: miércoles 17 de septiembre

miércoles, 13 de agosto de 2014

COLAPSO JUDICIAL - AGENDA AGOSTO 2013

La presente agenda de publicación regular, detalla algunas de las innumerables causas judiciales de corrupción estatal que involucran a funcionarios públicos y empresarios privados con afectación de recursos públicos, y sus consecuentes enriquecimientos ilícitos. Tenerlas presente mostrará  la imperiosa necesidad de modificar profundamente el funcionamiento de la Justicia Federal, organismos de control, y leyes que abren resquicios a la impunidad.

1.- Tragedia en febrero de 2012 del ferrocarril Sarmiento en estación Once.
Continúa el juicio oral y público iniciado en marzo de este año contra funcionarios, empresarios privados y empleados, acusados de ser responsables de la tragedia que provocara 51 muertos y cientos de heridos, producto de negociados. Se realiza en el Tribunal Oral Federal Nº 2, integrado por los jueces Rodrigo Giménez Uriburu; Jorge Alberto Tassara y Jorge Luciano Gorini.  

2.- Defraudación de fondos públicos entregados a la Fundación Sueños Compartidos, para construir viviendas de interés social.
Luego que la sala I de la Cámara Federal de Casación Penal, con los votos de  los dres. Jorge Ballestero y Eduardo Farah, tardíamente apartara al juez Oyarbide de la causa de defraudación de fondos públicos de la Fundación que encabeza Hebe de Bonafini, y anulara los procesamientos dictados, el expediente recayó en el juez Martínez de Giorgi, quien la mantiene sin avances.  Prácticamente quedaron destruidas las principales pruebas y diluídas las sociedades, desactivando la posibilidad que la sociedad recupere parte de los millones de pesos defraudados por integrantes de la Fundación, y funcionarios públicos a cargo del control del destino de los fondos.

3.- Causa de lavado de dinero a través de una estructura encabezada por el grupo empresarial de Lázaro Báez.
El responsable del Juzgado Federal Nª 7 Sebastián Casanello, a cargo de la investigación, continúa con sus dilaciones manifiestas, pese a que la justicia suiza confirmó depósitos en el exterior de empresas del grupo a Báez por 22 millones de dólares. El juez está en trámites para ascender a Camarista.

4.- Juicio político de destitución contra el fiscal José María Campagnoli.
El lunes 16 de junio se inició el juicio, bajo la acusación de mal desempeño por su investigación centrada en el empresario Lázaro Báez. La dra. Cristina Caamaño, que lo reemplazó, está sospechada de obstruir la investigación sobre la participación del hermano de la Ministra de Seguridad, Cecilia Rodríguez, en una operación de lavado de dinero de Báez. Por pedido de licencia médica de la integrante del tribunal María Cristina Martínez Córdoba, el juicio se anuló.

5.- Quiebra y recuperación de la imprenta ex Ciccone Calcográfica
El juez Ariel Lijo procesó al vicepresidente Amado Boudou, Nicolás Ciccone y otros imputados, en la trama de quiebra, posterior levantamiento, compra por Old Fund, y finalmente estatización de la empresa.  El mejor servicio que puede hacer la clase política a la investigación del juez Lijo, es no subalternizar la gravedad del negociado con escenográficas muestras de indignación y pedido de juicio político. Mejor dedicar tales energías al senador Menem, que está condenado, y  sin embargo ningún supuesto opositor pidió su desafuero.  

6.- Causa contra Oyarbide y el Subsecretario de Legal y Técnica Carlos Liuzzi.
Originada en la decisión del juez Oyarbide de abortar un operativo policial de allanamiento en cuevas financieras ante el llamado  del funcionario Carlos Liuzzi, quien fuera sobreseído por el propio Oyarbide por enriquecimiento ilícito a partir de su ingreso en la administración pública en 2003. La Sala II de la Cámara Federal corrió a Oyarbide de la causa, que por sorteo se trasladó al juez Julián Ercolini, quien a su vez se la envió al el juez Luis Rodríguez, titular del Juzgado Federal n° 9, quien la rechazó. Por lo tanto deberá tomar una decisión nuevamente la Cámara. Estas dilaciones son oportunas para destruir pruebas en una causa que incluye influencias políticas y judiciales, sobornos y lavado de dinero.

7.- Incendio de los archivos de la empresa extranjera Iron Mountain en Barracas.
No se conocen avances del juez Pablo Ormachea, a cargo del Juzgado Criminal de Instrucción n° 18, y la fiscal actuante Marcela Sánchez, por el incendio originado el 5 de febrero de este año en la empresa multinacional, que provocara la muerte de ocho bomberos y dos rescatistas.

8.- Sociales: sobreseimientos.

8.1.- Ricardo Echegaray.- El juez federal subrogante del juzgado n° 2 Marcelo Martínez de Giorgi, horas antes de que se lo designara juez titular del Juzgado Federal n° 8, sobreseyó al titular de la AFIP por su gestión al frente del organismo que entregaba subsidios a productores agropecuarios (Oncca), acusado de favorecer con montos multimillonarios a testaferros y feedlots inexistentes. Echegaray renunció en 2008 para asumir en la AFIP, y la Oncca se disolvió. El sobreseimiento fue confirmado por la Cámara integrada por ……..Ballestero, Farah y Freiler.

8.2.- Juan Manzur.- El juez federal de Tucumán, Daniel Bejas, sobreseyó el 13 de junio al Ministro de Salud de la Nación de la acusación de enriquecimiento ilícito, por su enorme crecimiento patrimonial durante el desempeño de la función pública.

8.3.- Julio De Vido y Alessandra Minnicelli, matrimonio de funcionarios acusado de enriquecimiento ilícito, fue sobreseído en 2009 por el ex juez federal Octavio Aráoz Lamadrid, quien actualmente está procesado por un intento de soborno para liberar al sindicalista José Pedraza. Tras la apelación del fiscal Marijuán, ratificó el sobreseimiento la Sala I de la Cámara Federal integrada por……..  Jorge Ballestero, Eduardo Farah y Eduardo Freiler. Sin embargo, en agosto de 2013, por decisión de la Corte Suprema, la causa volvió a la Cámara de Casación para que los jueces Borinsky y Hornos revisen el fondo del asunto.


Con estos antecedentes, queda claro que a los argentinos no nos van a venir a asustar imberbes buitres norteamericanos. 

miércoles, 6 de agosto de 2014

NO FUE ESTE GOBIERNO

Con motivo del conflicto económico-jurídico con los llamados “fondos buitres”, la Presidente Cristina Kirchner, en varios mensajes públicos, entre ellos desde Caracas ante presidentes latinoamericanos, se preocupó en resaltar que la deuda en disputa no es de su gobierno. La frase, que ya fuera pronunciada por otros presidentes en distintas coyunturas como excusa para evadir responsabilidades irrenunciables, explica como ninguna la principal estrategia que posibilitó la permanencia de las  mismas dirigencias políticas, empresarias y gremiales, en los últimos veinte años.

La excusa ofrece dos aristas: la del conocimiento, consistente en definir que entendemos por Gobierno. Y la del oportunismo falaz, utilizado para usufructuar cargos públicos privilegiados con beneficios pero sin costos, bajo el ropaje del “yo no tuve nada que ver con lo anterior”, o “yo no lo voté”.

El concepto de Gobierno mereció una amplia bibliografía. Hace más de 2.300 años fue tratado por Aristóteles en su libro “La política”. Más cercano en el tiempo, es recomendable el libro “El gobierno”, escrito por Orlandi (prematuramente fallecido) y Zelaznik, publicado por editorial Eudeba en 1995.

Gobierno, palabra de origen griego que significa “pilotar un barco”, es el centro a partir del cual se ejerce el poder sobre una sociedad. Los debates comienzan cuando uno se pregunta: quién o quiénes gobiernan? Cómo se puede gobernar? Desde  Aristóteles a la actualidad nada cambió. Surgen tres alternativas según la cantidad de personas: 1) una persona: monarquía o tiranía; 2) una minoría: aristocracia u oligarquía; 3) representando mayorías: democracia.

Pese a la baja calidad representativa e institucional que sufrimos los argentinos, sin duda estamos en un sistema democrático. Nuestra Constitución Nacional, en su primer artículo, expresa que adoptamos como gobierno la forma representativa, republicana y federal. Para que el pueblo soberano pueda ejercer su facultad del ejercicio del poder en el manejo de la “cosa pública” (República), debe delegarla en un conjunto de autoridades para que, con distintos roles, aseguren el cumplimiento de las propuestas decididas en elecciones por las mayorías, el cumplimiento de las leyes, e igualdad de todos los ciudadanos ante la ley. En cuanto al Poder Ejecutivo, el Artículo 87 de la Constitución, señala que será desempeñado por un ciudadano con el título de “Presidente de la Nación Argentina”. O sea, ocupa el más alto cargo, pero de ninguna manera es el Gobierno.

Llevemos el concepto a ejemplos prácticos. Puede Daniel Scioli, de ser elegido Presidente, decir “no fue mi gobierno” refiriéndose a Menem, Rodríguez Saa, Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner? Puede Cristina Kirchner decir “no fue mi gobierno” el que privatizó YPF, cuando su marido como gobernador de Santa Cruz y ella como senadora cumplieron roles determinantes en la obtención de los votos necesarios para concretar la privatización durante el gobierno de Menem? Pueden hoy Massa, Solá, Mendiguren, Alberto Fernández, entre otros, decir “no fue mi gobierno” el kirchnerismo?

La situación del variado espectro supuestamente opositor, no está exento de falacias. Enamorados de la “transversalidad” si viene con cargo político bajo el brazo, y de los “minis partidos” para permanecer, tienen un desafío nada fácil: explicitar las propuestas de gobierno concretas por las que se diferenciarán del actual gobierno.

Una reflexión final que parecería una ironía, pero lamentablemente no lo es. No es casualidad que no mencionáramos al peronismo, sustituyéndolo por menemismo y kirchnerismo. Surge entonces la duda; si el único partido que sabe gobernar es el peronismo, alguna vez gobernó después de la muerte de Perón?


miércoles, 30 de julio de 2014

JUGUEMOS A "QUIERO SER PRESIDENTE"

Todos alguna vez hemos participado en juegos de mesa. Vienen en cajas, con fichas diferenciadas por colores que identifican a cada participante, un tablero que define circuitos entre Salida y Llegada, y reglas del juego. Aplicados sus elementos al llamado “juego político”, la caja se llamará “Quiero ser presidente”; las fichas identificarán a precandidatos y sus partidos; los circuitos para arribar al objetivo marcarán la estrategia electoral, y el sistema electoral hará las veces de reglas del juego.

Abramos la caja. El primer problema surge con la distribución de fichas: hay candidatos pero no partidos. Por lo tanto los jugadores deberán acordar el agrupamiento de fichas en no más de tres colores, que podrían llamarse: 1) Siempre gobernamos (Massa; Scioli; De la Sota; Randazzo; Urribarri); 2) Queremos gobernar (Cobos; Binner; Sanz; Carrió y Solanas); 3) Soy lo nuevo (Macri).

La complejidad del juego obliga a dos prerrequisitos ineludibles. Que los participantes hagan aceptación expresa de sus deseos presidenciales. Quien manifieste “todavía no es momento para candidaturas”, o bien  “haré lo que mis compañeros de ruta me pidan”, de inmediato deberá dejar su puesto a otro jugador. También deberán definirse como oficialista u opositor, porque ello determinará premios y castigos a lo largo del juego. Por ejemplo, si un oficialista cae en el casillero Lanata, retrocederá cinco posiciones. Lo mismo sucederá si un opositor cae en el casillero Víctor Hugo Morales. No hay que preocuparse; esta identificación tendrá validez solo por un juego, por lo que los roles podrán intercambiarse en el siguiente, lo que es habitual.

El grupo “Soy lo nuevo” de Macri aparece con una sola ficha. Por esa razón, todo candidato-ficha de los grupos 1) y 2) que se enoje por no ser apoyado y/o elegido internamente, podrá pasarse a “Soy lo nuevo”. En todo juego es imprescindible el denominado “comodín”, que puede ser utilizado por cualquiera de los jugadores participantes. Se denominará De Narváez, que para esta función demostró no tener competencia. Puede estar a favor o en contra de Scioli; Macri; Massa; Alfonsín, o cualquier otra opción, con pocos meses de diferencia. Además, designarlo “comodín” neutraliza la posibilidad que en medio del juego un participante grite “La ficha o vos”. A futuro, se analiza incorporar como nuevo “comodín” a Leopoldo Moreau.

La estrategia electoral para recorrer los casilleros será libre, con una limitación. No tendrá validez utilizar la frase “combatiré la corrupción” para adelantarse 10 casilleros, porque la experiencia demostró que es falsa. Hecha la excepción, podrán usarse  encuestas; hacer mímica, y prometer acciones de gobierno aunque posteriormente no se cumplan.

Un serio inconveniente del juego, no resuelto hasta el momento, y que generara fuertes discusiones entre jugadores, ha sido establecer reglas del juego (sistema electoral) claras. Por ello se recomienda que previo al inicio del juego, los participantes acuerden si se autorizarán candidaturas testimoniales y/o ley de lemas. Las listas sábanas son inamovibles; no son materia de negociación. También es recomendable aclarar previamente si en caso de robo de fichas se retrocederán casilleros o no. Muchos infractores no aceptaron sanciones, bajo el argumento de que el tema debería resolverlo la justicia. La recurrencia de esta argumentación provocó que se esté analizando incorporar en los próximos modelos del juego “Quiero ser Presidente”, la ficha Oyarbide.

Este juego tiene un gran éxito comercial, debido a la enorme similitud con la realidad.


miércoles, 23 de julio de 2014

FÚTBOL = POLÍTICA = FÚTBOL = POLÍTICA ...

Si existe una actividad masivamente popular, que mantiene la pasión a lo largo de nuestras vidas con independencia de clases sociales, es el fútbol. Tal condición lo convierte en un campo de acción de alto interés para la política. Es inevitable entonces la existencia de fuertes entramados entre política y negocios, relegando la condición de popular a la emoción, o como dice la tribuna “al sentimiento”, y los negocios a la política.

Esta es una realidad que no admite diferencias ideológicas o geopolíticas. Pujan con igual entusiasmo por ser sedes de un mundial Estados Unidos, Sudáfrica, Brasil, Rusia, Emiratos Árabes o China. Para lograrlo, se someten sin quejas a las estrictas condiciones que establece la FIFA, ya sea de infraestructura, estadios, seguridad, comerciales y  marketing. Además aceptan otorgarle indemnidad judicial a los directivos de las Federaciones, para poder “pertenecer” a tan prestigiosa institución. Designada la sede, de inmediato comienza el marketing con base en lo popular: proyección internacional del país; creación de miles de puestos de trabajo; ingresos millonarios por turismo; obras importantes que quedarán para uso de todos los habitantes. La realidad es otra: se invierte en estadios de extrema sofisticación técnica con costos desmesurados, se aplican valores de entradas escandalosos al alcance solo de clases medias altas y barrabravas, y se dejan pesadas deudas públicas al país anfitrión. La infraestructura  popular se reduce a pantallas gigantes de televisión ubicadas al aire libre.

Datos sobre Brasil. La inversión oficial reconocida solo en estadios superó los 3.300 millones de dólares. Del total de doce sedes, seis corresponden a estadios nuevos, y las restantes a remodelaciones, superiores al 60 % respecto a lo existente. Los estadios de Natal, Manaos, Cuiaba y Curitiba, los tres primeros nuevos, albergaron tan solo cuatro partidos cada uno, correspondientes a la etapa clasificatoria por grupos. Las obras inconclusas, fueron obviamente las más necesarias: aeropuertos y rutas. Planteados estos datos, incursionemos en la publicidad y/o propaganda exhibida en nuestro país, porque se replicará en la campaña electoral. Los candidatos, a falta de compromisos serios y posibles, cada vez más son manejados como productos, buscando sugestionar antes que informar.

Casi todas las publicidades recurrieron a un clima desmesurado de euforia, con imágenes rápidas y presencias grupales, entremezclando mensajes del Papa Francisco, el himno nacional con variantes interpretativas, la bandera nacional, la famosa “mano de Dios”, las palabras Patria y Argentinos. Las estrategias se apoyaron sin excepción en IMAGEN + SÍMBOLOS + EMOCIÓN + PUEBLO. La propaganda política seguirá el mismo camino: provocar emoción y excitación descansando en el sentimiento y en el símbolo, estimulando una aceptación irreflexiva que paralice el análisis crítico.

Un detalle que no puede pasar desapercibido para diferenciar entre el envase y el contenido, como ejercicio para intentar interpretar el alud de propagandas políticas que se avecinan. La mayoría de las publicidades del mundial que exaltaban el fervor patriótico argentino y sus símbolos, pertenecían a empresas multinacionales (bancos; servicios de comunicación; ropa deportiva). Hábilmente, los protagonistas eran personas y familias comunes; nada de exhibir a empresarios, “ricos y famosos” o lujos. Vale destacar una publicidad de una compañía de telefonía celular, cuya frase final engloba el entusiasmo de todas las clases sociales, si bien los deseos y beneficios sean distintos según sus intereses: Que lindo es el fútbol, carajo !!!




miércoles, 16 de julio de 2014

EXISTIRÁN OPCIONES EN OCTUBRE 2015?

En la última reflexión destacábamos que las estructuras partidarias con extensión en todo el país, e identidad y coherencia a lo largo del tiempo, no existen. Desaparecieron los intermediarios inexcusables que permitan el acceso de los ciudadanos al gobierno, con plataformas electorales y programas de gestión consensuados tras  amplios debates internos con diversidad social-cultural. En su lugar surgieron frentes, alianzas, coaliciones o designaciones similares sin doctrina, con conducciones fuertemente concentradas, de carácter habitualmente caudillesco, familiar y demagógico, que inevitablemente concluye en mesianismo, fracaso y pobreza. Las minorías, con los mismos vicios y bajo el dudoso ropaje de opositores, se contentan con la ocupación de cargos políticos privilegiados durante el mayor tiempo posible.   

Minimizar la representatividad que exige una democracia, se logró a través de leyes retrógradas y una licuación institucional provocada, para imposibilitar a la ciudadanía renovar las clases dirigentes políticas desde hace por lo menos veinte años. Se promueven y mantienen sistemas electorales que limitan la capacidad de elección, como listas sábana, candidaturas testimoniales o ley de lemas. Se reforman constituciones para habilitar reelecciones indefinidas. Se ocupan cargos públicos de responsabilidad no política sin concursos, con familiares y amigos de oficialistas y opositores. Se difunden exitosos crecimientos económicos, bajo restricciones constitucionales y cesión de atribuciones de las provincias a la Nación, por supuestas emergencias económicas. En este contexto, la corrupción fuera de control es una consecuencia inevitable, planificada y consentida.

Por ello deberíamos estar alertas ante el intento de repetir una campaña electoral teñida de grandilocuente hibridez, para que nada cambie. Las primeras declaraciones políticas van en esa dirección, cuando precandidatos expresan como objetivo futuro relevante “ el cambio en el estilo de gobernar”, o “promover el diálogo entre todos los sectores”. Lo imprescindible es cambiar la matriz legislativa y ejecutiva, para respetar la independencia de los poderes constitucionales, facilitar la participación ciudadana de los más capaces, y transparentar las acciones de gobierno, ya sea en Nación o provincias.  Impedirlo durante tanto tiempo indica que no hubo una falta, sino por el contrario, un “exceso de diálogo” entre políticos, empresarios, gremialistas y jueces, que siempre permanecen. Claro está, usualmente contrario al interés general de los ciudadanos.

En este contexto, mal podemos hablar de opciones de gobierno a partir de diciembre de 2015. Para colmo, las encuestas de opinión y análisis políticos tanto oficialistas u opositores no ayudan. Intencionadamente o no, se sustentan en intrigas de palacio y negociación de voluntades, antes que en exigir la explicitación y debate de propuestas verdaderamente transformadoras. No es casual que la supuesta diversidad política se presente mas como un “casting” para el espectáculo “Yo quiero ser presidente”, que sobre las estructuras, proyectos y leyes presentadas, que la justifiquen. Lo que sabemos hasta ahora es que, con el debido trabajo de maquillaje previo, compiten en el inicial “casting” presidencial, entre otros, Scioli, Massa, Cobos, Macri; Binner, Carrió, Randazzo, Sanz, Urribarri, De la Sota, Solanas, y porque no, el Adolfo Rodríguez Saa. A un año de las elecciones primarias abiertas, ya es hora de ordenar los porotos, y próximamente lo intentaremos.

Previamente, en la próxima reflexión comentaremos algunos aspectos del finalizado Mundial de Fútbol, relacionados con la política. En Argentina, conocer el manejo del fútbol es saber de política y sus actores, y viceversa.